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Los volcanes del Cinturón de Fuego
de la cordillera de los Andes que
recorre al país andino entraron
en erupción: Osorno, Villarrica,
Puyehue, Llaima y Calbuco vomitaron
fuego y lava con la respectiva destrucción
de los pueblos cercanos. El paisaje
chileno sufrió un cambio radical,
desaparecieron lagos y surgieron
otros montes. El maremoto que vino
como consecuencia del seísmo arrasó
pueblos y puertos que desaparecieron,
quedando para siempre bajo las aguas,
siguió su curso por el océano Pacífico
hacia Hawai y Japón causando cientos
de muertos.
Desde entonces, los chilenos estaban
a la espera de un seísmo de gran
calado. Las estadísticas dicen que
cada 10 ó 15 años se producen terremotos
catastróficos en Chile.
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