Número: 2022 / 30 de agosto - 05 de septiembre 2010


Hollywood
Glamour negro
Nick Romano, el atractivo maleante al que dio vida el actor John Derek en la película ‘Llamar a cualquier puerta, dejo para la posteridad una sentencia —“Vive rápido, muere joven y deja un cadáver hermoso”— que no alcanzaba a comprender siquiera su liberal abogado, interpretado por Humphrey Bogart. Ésa misma filosofía puede aplicarse a muchas estrellas del espectáculo que parecen encontrar placer o el sentido último de sus vidas en unas experiencias al límite que, en demasiadas ocasiones, acaban convirtiéndolos en cadáveres, y poco hermosos por norma general.
El mundo del cine y de la música está repleto de nombres que dejaron de aparecer demasiado pronto en las páginas de actualidad artística para pasar a llenar las de necrológicas. En algunos casos fueron fiestas excesivas, en otros, desesperación ante una vida demasiado desenfrenada y sin anclaje con la realidad. También ha habido casos de asesinatos, violaciones, chantajes...
Texto: J. M.

Ana Belén
Homenaje a una diva de la escena
Desde que Mari Pili Cuesta, nombre con el que se dio a conocer Ana Belén, debutó en la radio a la tierna edad de diez años no se ha dejado de hablar de ella. Todos la conocen por su faceta musical, la que, además, la lanzó a la fama y a un contrato de cuatro películas con la productora Época Films que, afortunadamente, no se rodaron.
La entrada en el cine de Ana Belén no fue la que tuvieron otras “niñas prodigios” como Rocío Dúrcal o Pepa Flores (Marisol). Zampo y yo, película con la que debutó la artista madrileña no obtuvo el éxito esperado y los tres largometrajes que restaban por rodar, jamás se llevaron a cabo. Así la niña que pudo ser, se transformó en la mujer que ahora es.
La imagen de Ana Belén se ha convertido en parte fundamental del imaginario colectivo de este país, sobre todo, en una época.
Texto: Carmen Moreno

Red Int. de Escritores por la Tierra
Compromiso con la palabra
Hace meses que tengo el placer de escribir en esta revista. Analizar, explicar, exigir o denunciar temas sociales debe ser un ejercicio obligado cuando uno decide a convertirse en articulista. Se deben adquirir compromisos con la sociedad y se debe exigir, intentarlo como mínimo, que reine la justicia social y que entre todos se pueda conseguir un mundo más digno, tolerante, transigente y sostenible.
Puede sonar utópico pero se puede vivir con las utopías porque, con esfuerzo y trabajo, pueden dejar de serlo para convertirse en realidades. La Red de Escritores por la Tierra es un hecho, una de esas realidades que nació de manera utópica. Surgió de una conversación en el Mancarrón de Solentiname con mi amiga Luz Marina. Implicamos rápidamente al escritor Ernesto Cardenal y más tarde se sumaron otros muchos como el alcalde del municipio de Santa Tecla, Oscar Ortiz, o el compañero Jesús Cisneros.
Por Ángel Juárez Almendros

Norteamérica a fondo
Las dos bahías de San Francisco
Nos sorprendió que la temperatura subiera de los veinte grados de Yosemite hasta los cuarenta de la llanura, para volver a disminuir hasta los aceptables treinta de San Leandro, a pocos kilómetros de San Francisco, donde nos esperaba Kevin, quien nos alojó de maravilla los siguientes días. Pero más nos sorprendió que Kevin nos informara que teníamos que ir abrigados para visitar San Francisco, porque justo al otro lado de la bahía las temperaturas podían bajar hasta los veinte o diez grados.
Según nos explicó, las altas temperaturas de las llanuras hacían elevar el aire caliente arriba, arrastrando el aire que mar hacia el interior, cuyas aguas estaban heladas, pues provenían de Alaska. Y realmente, al día siguiente por la tarde, cuando él y su compañero Francisco nos condujeron hasta la célebre ciudad no pudimos dejar de recordar una famosa frase del escritor Mark Twain “El invierno más frío de mi vida fue un verano en San Francisco”.
Texto: Jan Bover


Opinión


 
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