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Es
la cuarta vez que España toma el timón del barco del viejo continente
desde su adhesión en 1986, pero ahora lo ha hecho en un contexto
especialmente grave, de gran incertidumbre económica, con la responsabilidad
de coordinar la estrategia de Europa en la próxima década para reforzar
su influencia
El combate del paro y de la crisis son dos de los principales retos
a los que se enfrenta la presidencia española de la Unión Europea
(UE), que debe sentar las bases de una economía más innovadora y
sostenible. En este proceso de transición, el presidente del Gobierno,
José Luis Rodríguez Zapatero, afronta la tarea con su “mejor entusiasmo”,
pero la encuestas le han empezado a dar la espalda y los ciudadanos
desconfían puesto que España será de los últimos en salir de la
recesión y comenzar a recuperarse, mientras la tasa de paro alcanza
ya a los cuatro millones de personas. Durante el mandato semestral
que se inició a primeros de año será preciso acometer otras prioridades,
desde la aplicación del Tratado de Lisboa al reforzamiento de la
influencia de la UE en el mundo y la consolidación de los derechos
sociales y de las mujeres.
A lo largo de su mensaje institucional para saludar este estreno,
en el que pidió a todos involucrarse con el proyecto europeo porque
así se estarán también defendiendo los intereses generales de los
españoles, hizo especial hincapié en redoblar los mecanismos de
seguridad, especialmente tras las recientes amenazas del terrorismo
fundamentalista de Al Qaeda, concretadas en el intento de atentado
en un avión en Estados Unidos (EEUU) y en el secuestro de los tres
cooperantes catalanes en Mauritania, además de los planes de ETA
de aprovechar la resonancia europea con acciones espectaculares
como los secuestros de larga duración.
Diego Caballero
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