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La
necesidad de mejorar la gobernanza global en un mundo en el que
una gran parte de las amenazas son, precisamente, de carácter global,
ha sido puesta de manifiesto en numerosas ocasiones. Pese a ello,
los avances son escasos e incluso el organismo que debería haber
sido el eje central de esta gobernanza, las Naciones Unidas, ha
sido en no pocas ocasiones ninguneado y marginado. El artículo,
tras unos primeros apartados conceptuales y descriptivos de la situación
internacional, profundiza en estos retos y el papel que juega España
Hasta donde se puede imaginar resulta hoy inviable, y tal vez hasta
indeseable, la conformación de un gobierno planetario que regule
y gestione los asuntos mundiales con una sola agenda. Al mismo tiempo
parece ya sobradamente demostrado que los Estados nacionales son
incapaces de hacer frente en solitario, sea cual sea su orientación
ideológica, a los retos que nos presenta la globalización en la
que vivimos. Tanto por arriba como por abajo esos actores gubernamentales
se encuentran sometidos a tensiones crecientes que empujan, por
una parte, hacia su pérdida de peso en el seno de instancias supranacionales
y, por otra, a la descentralización de competencias que hasta hace
muy poco nadie suponía fuera del control del aparato estatal. Simultáneamente,
y tanto en el ámbito global como en el nacional y local, asistimos
a la emergencia de una miríada de actores no gubernamentales con
agendas muy diversas, cuando no directamente contrapuestas a las
estatales.
Jesús A. Núñez Villaverde / Francisco Rey Marcos
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