|
| |
| Pensando
en las elecciones |
 |
Las declaraciones actuales de los políticos catalanes, sea
cual sea el color de su partido, tienen tinte de precampaña electoral, aunque
las elecciones al Parlament de Catalunya, de donde sale el presidente de la Generalitat,
estén prácticamente a más de dos años vista. Cada uno parece tirar por su lado,
incluso dentro del gobierno de progreso, o tripartito dos, que preside el socialista
José Montilla. Aparte de las declaraciones contradictorias que han caracterizado
la denominada crisis del agua, felizmente resuelta, al menos por ahora, por una
tanda de generosas lluvias, ahora continúan las polémicas dentro del gobierno
sobre la necesidad de conexión, o no, entre las futuras plantas desalinizadoras.
Por otro lado, todos temen que el fragor del congreso de Esquerra Republicana
de Catalunya, el partido bisagra que tiene la clave del gobierno tripartito, no
acabe provocando una debacle política que conduzca a elecciones anticipadas. Por
ello es tan frecuente la disparidad de declaraciones de los consellers del gobierno,
en función del partido a que pertenecen. Se espera una semana de infarto entre
la primera y la segunda tanda del congreso de ERC. Hay temor, sobre todo en las
filas socialistas, de que si los republicanos no acaban proclamando un líder sólido,
es decir, con suficiente margen de aceptación entre los congresistas, la escena
política catalana se complique. Si no de inmediato, sí a partir del otoño, cuando
apremie la crisis económica, según todas las previsiones, y haya que aprobar presupuestos
restrictivos, por una parte, sin olvidar ser generosos en políticas sociales.
Aunque el dilema presupuestario dependerá, en gran medida, del acuerdo de financiación
que el Gobierno central conceda al Estatut, en otoño pueden tirarse los platos
por la cabeza entre los miembros del gobierno tripartito. Simplemente porque cada
uno pensará en cómo salvar su propio electorado en tiempos de crisis. Parece inevitable
que, una vez más, como ocurrió en el pasado, durante el tripartito presidido por
Pasqual Maragall —al que, por cierto, no invitaron a los actos del 30 aniversario
de la fundación del PSC, partido del que se dio de baja tras la crisis del primer
tripartito— los republicanos serán quienes desencadenen la nueva ruptura del segundo
gobierno tripartito. Por ello predomina la impresión de que cada uno va por su
lado en un gobierno que el presidente Montilla intenta controlar y, sobre todo,
liderar. Al menos hasta que le dejen. Sin olvidar que, desde la oposición, en
las filas de Convergencia i Uniò, algunos ven la posibilidad de regresar al poder
compartiendo el mando, en un futuro gobierno sociovergente, entre PSC y CiU, pasando
de ERC e IC-Verds. Una hipótesis que, además del electorado, puede pasar también
por la necesidad que tenga el PSOE de los votos de CiU en el Congreso de los Diputados.
Ante tal panorama, no asombra a nadie que, en Cataluña, todos piensen ya en clave
preelectoral.
rvilaro@cambio16.info
| |
|