Número.1906 - 09 - 15 de junio 2008

 

Ramon Vilaró
Pensando en las elecciones
Las declaraciones actuales de los políticos catalanes, sea cual sea el color de su partido, tienen tinte de precampaña electoral, aunque las elecciones al Parlament de Catalunya, de donde sale el presidente de la Generalitat, estén prácticamente a más de dos años vista. Cada uno parece tirar por su lado, incluso dentro del gobierno de progreso, o tripartito dos, que preside el socialista José Montilla. Aparte de las declaraciones contradictorias que han caracterizado la denominada crisis del agua, felizmente resuelta, al menos por ahora, por una tanda de generosas lluvias, ahora continúan las polémicas dentro del gobierno sobre la necesidad de conexión, o no, entre las futuras plantas desalinizadoras. Por otro lado, todos temen que el fragor del congreso de Esquerra Republicana de Catalunya, el partido bisagra que tiene la clave del gobierno tripartito, no acabe provocando una debacle política que conduzca a elecciones anticipadas. Por ello es tan frecuente la disparidad de declaraciones de los consellers del gobierno, en función del partido a que pertenecen. Se espera una semana de infarto entre la primera y la segunda tanda del congreso de ERC. Hay temor, sobre todo en las filas socialistas, de que si los republicanos no acaban proclamando un líder sólido, es decir, con suficiente margen de aceptación entre los congresistas, la escena política catalana se complique. Si no de inmediato, sí a partir del otoño, cuando apremie la crisis económica, según todas las previsiones, y haya que aprobar presupuestos restrictivos, por una parte, sin olvidar ser generosos en políticas sociales. Aunque el dilema presupuestario dependerá, en gran medida, del acuerdo de financiación que el Gobierno central conceda al Estatut, en otoño pueden tirarse los platos por la cabeza entre los miembros del gobierno tripartito. Simplemente porque cada uno pensará en cómo salvar su propio electorado en tiempos de crisis. Parece inevitable que, una vez más, como ocurrió en el pasado, durante el tripartito presidido por Pasqual Maragall —al que, por cierto, no invitaron a los actos del 30 aniversario de la fundación del PSC, partido del que se dio de baja tras la crisis del primer tripartito— los republicanos serán quienes desencadenen la nueva ruptura del segundo gobierno tripartito. Por ello predomina la impresión de que cada uno va por su lado en un gobierno que el presidente Montilla intenta controlar y, sobre todo, liderar. Al menos hasta que le dejen. Sin olvidar que, desde la oposición, en las filas de Convergencia i Uniò, algunos ven la posibilidad de regresar al poder compartiendo el mando, en un futuro gobierno sociovergente, entre PSC y CiU, pasando de ERC e IC-Verds. Una hipótesis que, además del electorado, puede pasar también por la necesidad que tenga el PSOE de los votos de CiU en el Congreso de los Diputados. Ante tal panorama, no asombra a nadie que, en Cataluña, todos piensen ya en clave preelectoral.

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