Número.1906 - 09 - 15 de junio 2008

 

   PALABRAS EN LIBERTAD
Rafael García Rico
Concejales socialistas en Euskadi

Pasaia sale poco en los periódicos. Es una localidad guipuzcoana con alcaldesa de ANV. Una alcaldesa del tipo Mondragón: un ser sin escrúpulos, con alma homicida porque alimenta el enfrentamiento físico con quien discrepa de sus ideas. La alcaldesa tiene esparcidas las neuronas a dentelladas, como esos cortes de pelo modernos, con extraños flequillos. La alcaldesa tiene un flequillo criminal que nutre de odio, ira y terror a los suyos. Y a sus concejales se les van las manos. De momento las manos les valen para romper cejas; mañana, para apretar gatillos. Bixente Itxaso es concejal socialista. Fue alcalde del PSE como Isaías Carrasco había sido concejal del PSE. Pero no los conocemos hasta que los atacan y disparan contra ellos. Hasta que los matan. Entonces sale Astarloa y pide que se anule la resolución del Parlamento que buscaba, transparente y clara, un compromiso para la paz. A Astarloa lo conocemos. Conocemos a Acebes y a Zaplana. A los de la AVT y a quienes secundan sus desvaríos. Los que ahora se vuelven contra Rajoy porque el bicho se ha desatado, y puestos a decir bobadas, Iturgaiz siempre es un recurso fino. A Bixente le han partido la ceja. Le han pegado un derechazo nacionalista, ese golpe moderno que ensambla el viejo idealismo fascista con la derechona que busca ventaja paseando el dolor de los que lo padecen. Pero Bixente no es una víctima de titular, ni de primera página. Porque no juega al victimismo. Aunque Bixente tenga miedo. El miedo a lo conocido y no a lo desconocido. Han sacado los boxeadores de ETA el puñetazo del Gal y le han dado en la ceja a Bixente. Como si esta banda de callejón oscuro y bomba con temporizador tuviera agallas para echar en la cara de un valiente la cantinela de siempre. Si Bixente se hubiera vestido de Juana de Arco y se hubiera envuelto en la bandera, entonces tendría su espacio oportuno en la prensa del movimiento. Sería idolatrado y puesto como ejemplo de las miserias socialistas y de sus pérfidas contradicciones. El PSOE no se rebaja ante la demagogia y el oportunismo. Es un consuelo, en esta España extraviada por el Congreso de Mariano. Pero no es así. La razón no pasa por el folclore popular y la coplilla de siempre. Alcaraz los desprecia en sus oraciones porque no secundan sus payasadas conspiratorias y el lenguaje del paraguazo a Bono. No pasa, en fin, por la actitud histriónica y rabiosa de la derecha que ahora esputa sobre el nombre de Rajoy con la misma fiereza con que insultan a Zerolo, que comulgan con Rouco o se llaman peones negros, esa corte de lunáticos que ya dan más pena que vergüenza. A los asesinos no hay leña que les duela más que la sonrisa de Sandra, la contundencia de Bixente, el comportamiento honesto y firme de los socialistas guipuzcoanos que encajan los golpes sin perder el paso, con decencia y entereza, sin espectáculo, sabiendo que los criminales se perderán en el camino, sin júbilo ni gloria. Aunque a los voceros les moleste.



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