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En tiempos en los que los espacios de los medios de comunicación están abundantemente
ocupados —justificadamente— por datos y cifras que confirman lo que unos llaman
crisis, otros desaceleración e incluso algunos recesión, bien está hacer un hueco
a una experiencia que por su exitoso desarrollo ha merecido un importante premio
internacional. Me refiero al llamado “caso Valencia”, una ciudad que ha desarrollado
en los últimos años importantes infraestructuras de ocio, conocimiento y cultura
y que la han convertido en uno de los más importantes destinos turísticos de España.
Por este motivo acaba de recibir, a través de Turismo de Valencia, el Premio Ulysses
por su innovación en la gobernanza turística que otorga la Organización Mundial
del Turismo. La OMT ha reconocido a Valencia “el mérito de la ciudad en la planificación
de la promoción turística, el desarrollo del destino, la puesta en práctica de
estrategias turísticas, el uso de nuevas tecnologías y la atención al visitante”.
Salvo destacados y muy reconocidos acontecimientos, como las Fallas, Valencia
carecía de atractivos turísticos que aseguraran la continuidad de los visitantes.
Entre otras muchas cosas, la ciudad vivía “divorciada” de su famosa playa, La
Malvarrosa. Valencia veía cada verano como pasaban miles y miles de coches con
familias que se dirigían a las playas del norte o del sur, vamos, como en Bienvenido
Mister Marshall. Primero fue la construcción del Palau de la Música, un edificio
atrevido, el primero en ocupar el cauce del Turia que además de dividir la ciudad,
no presentaba un aspecto muy atractivo. Posteriormente, comenzó la explosión de
nuevas instalaciones hasta conformar lo que es hoy en día una de las ofertas turísticas
más atractivas de España, tercer destino de España y líder en crecimiento de Europa.
El antiguo cauce se convierte de nuevo en amable albergue del Palau de les Arts
—que se une y se suma al Auditori—, L´Hemisféric, Museo de las Ciencias Príncipe
Felipe y el Oceanográfico. Cada día las aceras que los rodean están repletas de
autocares de turistas, colegios y otros visitantes. La continuidad que busca todo
destino. El pasado verano Valencia alojó a la Copa América de Vela, que dejó de
”regalo” una playa e instalaciones y edificios notable además de unos ingresos
de 4.500 millones de euros. Y el próximo mes de agosto, siguen las explosiones:
la ciudad será la sede de una prueba del Campeonato del Mundo de Fórmula 1, con
la peculiaridad de disputarse en circuito urbano. Una inteligente política de
desarrollo de atractivos turísticos diversos, inversiones con retorno, gente simpática,
acogedora y no excluyente, han hecho de Valencia un un caso a tener en cuenta. |