Número.1906 - 09 - 15 de junio 2008

 

   CARTA DEL DIRECTOR
GORKA LANDABURU
¿La esperanza negra?
La noche del pasado martes en Minnesota confirmó la designación de Barack Obama como candidato presidencial del Partido Demócrata a la Casa Blanca. Tras una dura batalla que se ha prolongado durante varios meses, el senador de Illinois ha logrado doblegar a la incombustible Hillary Clinton, y se presenta como el primer candidato negro a presidir los Estados Unidos. Sin embargo, esta lucha fratricida, entre los dos candidatos, que ha durado más de cinco meses y ha costado millones de dólares, puede que haya mermado a los demócratas. Todo queda ahora pendiente de la convención de Denver y son muchos los analistas americanos que se pronuncian por una colaboración estrecha entre Obama y Clinton para tener más posibilidades de derrotar al candidato republicano McCain. En el campo de Obama sus asesores más próximos no están por la labor de incluir a Hillary Clinton en el equipo ni en la carrera hacia Washington porque las heridas de la campaña son más profundas que en lo que aparentemente parecen. Que Hillary y su marido estén dispuestos a colaborar con Obama se resume como una cuestión de estrategia, pero lo que verdaderamente importa a muchos votantes demócratas es hasta dónde está dispuesto ir el candidato afroamericano. Se ha dicho siempre que hay pocas diferencias entre un presidente demócrata y otro republicano y quien gane al final no cambia sustancialmente la política exterior e interior de los Estados Unidos. No obstante, esta vez, parece que Barack Obama aporta un viento fresco y un cambio que no se había visto ni percibido desde la nominación y triunfo de J. F. Kennedy en 1960. Comparar a Kennedy con Obama es un poco prematuro y aunque este último haya conseguido movilizar a 35 millones de ciudadanos en las primarias demócratas le queda un largo camino por recorrer. Barack Obama, que representa el cambio frente a la familia Bush y a su desastrosa política de los últimos años, es un hombre realista y nada más ser elegido como candidato sus dos primeros mensajes fueron dirigidos hacia Israel para garantizar su apoyo a ese país y a Irán para advertirle que no aceptará ni el menor desliz. Si por suerte o meritos Obama consigue ser el nuevo inquilino de la Casa Blanca, el mundo entero tendrá fijada su mirada hacia Washington para saber si el cambio prometido es real o ficticio. Es evidente que deberemos esperar hasta el mes de noviembre pero las esperanzas depositadas en el joven candidato demócrata no pueden caer en saco roto. Irak, Oriente Medio, las nuevas relaciones con la Unión Europea, la crisis económica internacional, la atención a los países del tercer mundo y en vías de desarrollo son prioridades que deben estar en la agenda del nuevo presidente. Obama ha dicho, y le creemos, que es hora de que los Estados Unidos oigan y escuchen a los demás.

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