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CARTA
DEL DIRECTOR | GORKA
LANDABURU |
| ¿La
esperanza negra? |
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La noche del pasado martes en Minnesota confirmó la designación de Barack Obama
como candidato presidencial del Partido Demócrata a la Casa Blanca. Tras una dura
batalla que se ha prolongado durante varios meses, el senador de Illinois ha logrado
doblegar a la incombustible Hillary Clinton, y se presenta como el primer candidato
negro a presidir los Estados Unidos. Sin embargo, esta lucha fratricida, entre
los dos candidatos, que ha durado más de cinco meses y ha costado millones de
dólares, puede que haya mermado a los demócratas. Todo queda ahora pendiente de
la convención de Denver y son muchos los analistas americanos que se pronuncian
por una colaboración estrecha entre Obama y Clinton para tener más posibilidades
de derrotar al candidato republicano McCain. En el campo de Obama sus asesores
más próximos no están por la labor de incluir a Hillary Clinton en el equipo ni
en la carrera hacia Washington porque las heridas de la campaña son más profundas
que en lo que aparentemente parecen. Que Hillary y su marido estén dispuestos
a colaborar con Obama se resume como una cuestión de estrategia, pero lo que verdaderamente
importa a muchos votantes demócratas es hasta dónde está dispuesto ir el candidato
afroamericano. Se ha dicho siempre que hay pocas diferencias entre un presidente
demócrata y otro republicano y quien gane al final no cambia sustancialmente la
política exterior e interior de los Estados Unidos. No obstante, esta vez, parece
que Barack Obama aporta un viento fresco y un cambio que no se había visto ni
percibido desde la nominación y triunfo de J. F. Kennedy en 1960. Comparar a Kennedy
con Obama es un poco prematuro y aunque este último haya conseguido movilizar
a 35 millones de ciudadanos en las primarias demócratas le queda un largo camino
por recorrer. Barack Obama, que representa el cambio frente a la familia Bush
y a su desastrosa política de los últimos años, es un hombre realista y nada más
ser elegido como candidato sus dos primeros mensajes fueron dirigidos hacia Israel
para garantizar su apoyo a ese país y a Irán para advertirle que no aceptará ni
el menor desliz. Si por suerte o meritos Obama consigue ser el nuevo inquilino
de la Casa Blanca, el mundo entero tendrá fijada su mirada hacia Washington para
saber si el cambio prometido es real o ficticio. Es evidente que deberemos esperar
hasta el mes de noviembre pero las esperanzas depositadas en el joven candidato
demócrata no pueden caer en saco roto. Irak, Oriente Medio, las nuevas relaciones
con la Unión Europea, la crisis económica internacional, la atención a los países
del tercer mundo y en vías de desarrollo son prioridades que deben estar en la
agenda del nuevo presidente. Obama ha dicho, y le creemos, que es hora de que
los Estados Unidos oigan y escuchen a los demás.
glandaburu@cambio16.info
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