Número.1906 - 09 - 15 de junio 2008

 

   REFLEXIONES DESDE EL SOBERADO
Manuel Domínguez Moreno
La dulce decadencia
MANUEL DOMÍNGUEZ MORENO
No es posible servir a dos señores y estar en la posesión de la verdad. O se adora a Dios o al diablo y quien no está conmigo está contra mí. No se puede defender al pueblo, estar al lado de los trabajadores, de los pobres, y sentarse a la mesa de los poderosos a compartir con apetito insaciable los manteles del poder y sus platos exquisitos, aunque se ponga cara de asco. Ni siquiera aunque uno se adjudique el título de pendejo en el reino de los listos. A otro perro con ese hueso. Ese mismo pendejo que hasta ayer era un gurú de la globalización y que hoy nos muestra su rostro de nigromante del capital y seduce con el sonido ladino y falso de la voz de su amo, ése que habla del pueblo y representa a grandes fortunas, es el mismo que antier nos dijo que la OTAN, de entrada no; sí, el mismísimo que dejó tirado a su mejor amigo, que tanto contribuyó a auparlo al poder, y el que traicionó a sus mejores colaboradores cuando las cloacas del Estado reventaron de mierda y corrupción. Mientras Zapatero anda dando la cara por los más débiles intentando minimizar los efectos de la crisis que nos atenaza, recordando que jamás dará la espalda a las conquistas sociales porque en su gobierno los derechos de los trabajadores nunca serán erosionados, quien firmara en su día la moratoria nuclear ha vuelto a cambiar de opinión y, de la mano de quienes producen este tipo de energía, defiende ahora la necesidad de producirla y, en tono agorero, amenaza a los que como Zapatero levantan la bandera de las energías limpias y renovables y la capacidad de los países productores de contribuir al desarrollo sostenible exportando este modelo a otros países de su entorno. La dulce decadencia de Europa, dice el cenizo, y añade en el colmo de las pendejadas: si Europa no asume la revolución tecnológica, la sociedad del conocimiento dejará de ser competitiva frente a las economías emergentes como China o la India y acabará muriendo de éxito. Qué poco parece haber aprendido de la vida, de la historia y del socialismo este chiquilicuatre de la política devenido en hechicero tarambana que echa sus conjuros al calor de la hoguera que más calienta. Morir de éxito siempre será preferible a morirse de hambre. Frente al dinero, el capital humano. Frente a la pujanza económica, los derechos emergentes. Qué tremenda paradoja que sean precisamente los países más pobres los que renuncien a la explotación indiscriminada de sus recursos y riquezas naturales porque creen que otro mundo es posible. Qué contradicción la de los que niegan el pan y la sal a unos ciudadanos que no tienen papeles y que lo dejan todo para sobrevivir, esclavos del sexto continente que aspiran a una ciudadanía global, frente a los que sólo globalizan el plástico de sus visa oro. Hay pendejos que únicamente hablan del dinero que van a perder, del negocio que se va a frustrar o del beneficio que dejarán de percibir. Esa gente no me interesa por mucho que asesoren a los sabios y a los poderosos. Me inclino más por dar la cara y hasta la vida si fuera necesario por los que no tienen nada, por los que persiguen un espacio pluricultural y plurinacional que cree oportunidades y alternativas, que apueste por un futuro de todos, no de unos pocos. Esa decadencia que conduce a traicionar la amistad, la ideología y hasta la conciencia, que convierte la solidaridad en intransigencia y exclusión, no es dulce, por muchos algodones que la sostengan, es decrépita y, créanme, tiene los días contados.

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