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REFLEXIONES DESDE EL SOBERADO | Manuel
Domínguez Moreno |
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La dulce decadencia |
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No
es posible servir a dos señores y estar en la posesión de la verdad. O se adora
a Dios o al diablo y quien no está conmigo está contra mí. No se puede defender
al pueblo, estar al lado de los trabajadores, de los pobres, y sentarse a la mesa
de los poderosos a compartir con apetito insaciable los manteles del poder y sus
platos exquisitos, aunque se ponga cara de asco. Ni siquiera aunque uno se adjudique
el título de pendejo en el reino de los listos. A otro perro con ese hueso. Ese
mismo pendejo que hasta ayer era un gurú de la globalización y que hoy nos muestra
su rostro de nigromante del capital y seduce con el sonido ladino y falso de la
voz de su amo, ése que habla del pueblo y representa a grandes fortunas, es el
mismo que antier nos dijo que la OTAN, de entrada no; sí, el mismísimo que dejó
tirado a su mejor amigo, que tanto contribuyó a auparlo al poder, y el que traicionó
a sus mejores colaboradores cuando las cloacas del Estado reventaron de mierda
y corrupción. Mientras Zapatero anda dando la cara por los más débiles intentando
minimizar los efectos de la crisis que nos atenaza, recordando que jamás dará
la espalda a las conquistas sociales porque en su gobierno los derechos de los
trabajadores nunca serán erosionados, quien firmara en su día la moratoria nuclear
ha vuelto a cambiar de opinión y, de la mano de quienes producen este tipo de
energía, defiende ahora la necesidad de producirla y, en tono agorero, amenaza
a los que como Zapatero levantan la bandera de las energías limpias y renovables
y la capacidad de los países productores de contribuir al desarrollo sostenible
exportando este modelo a otros países de su entorno. La dulce decadencia de Europa,
dice el cenizo, y añade en el colmo de las pendejadas: si Europa no asume la revolución
tecnológica, la sociedad del conocimiento dejará de ser competitiva frente a las
economías emergentes como China o la India y acabará muriendo de éxito. Qué poco
parece haber aprendido de la vida, de la historia y del socialismo este chiquilicuatre
de la política devenido en hechicero tarambana que echa sus conjuros al calor
de la hoguera que más calienta. Morir de éxito siempre será preferible a morirse
de hambre. Frente al dinero, el capital humano. Frente a la pujanza económica,
los derechos emergentes. Qué tremenda paradoja que sean precisamente los países
más pobres los que renuncien a la explotación indiscriminada de sus recursos y
riquezas naturales porque creen que otro mundo es posible. Qué contradicción la
de los que niegan el pan y la sal a unos ciudadanos que no tienen papeles y que
lo dejan todo para sobrevivir, esclavos del sexto continente que aspiran a una
ciudadanía global, frente a los que sólo globalizan el plástico de sus visa oro.
Hay pendejos que únicamente hablan del dinero que van a perder, del negocio que
se va a frustrar o del beneficio que dejarán de percibir. Esa gente no me interesa
por mucho que asesoren a los sabios y a los poderosos. Me inclino más por dar
la cara y hasta la vida si fuera necesario por los que no tienen nada, por los
que persiguen un espacio pluricultural y plurinacional que cree oportunidades
y alternativas, que apueste por un futuro de todos, no de unos pocos. Esa decadencia
que conduce a traicionar la amistad, la ideología y hasta la conciencia, que convierte
la solidaridad en intransigencia y exclusión, no es dulce, por muchos algodones
que la sostengan, es decrépita y, créanme, tiene los días contados.
www.manueldominguezmoreno.net
betisalai@manueldominguezmoreno.net
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