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LA
VENTANA DISCRETA | SANTIAGO
LÓPEZ CASTILLO |
| Cadena
perpetua |
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Ese padre roto pero entero, destrozado pero recompuesto, fallecido pero redivivo
es, en dos palabras, el padre de Mari Luz. La criatura asesinada en Huelva por
un pederasta. Una muerte que fue un clamor y sigue siéndolo, todos somos Mari
Luz. Como en su día lo fueron tantas y tantas criaturas, como la niña Sandra Palo,
deficiente psíquica, violada, pasada por la piedra, torturada y quemada en la
parrilla a imagen y semejanza de San Lorenzo. ¿Y qué pasó? Nada, mire usted. La
Ley el Menor, una de las normas más desafortunadas, con la complicidad del PP,
que era el que gobernaba en el momento de aprobarse, está permitiendo aberraciones
humanas que no jurídicas porque la ley, en este país, mira más por los asesinos
y delincuentes que por las víctimas. Pero dicen que la fe mueve montañas. Y en
esa fe descarnada se encuentra Juan José Cortés, el padre de Mari Luz, ese gitano
sin estridencias que vive en vela la blanca noche. Estaba en la recolecta de medio
millón de firmas para que se implante la cadena perpetua cuando le llamó Zapatero,
y se hizo hombre. El presidente. Para la foto. Pero quia, el jefe del Ejecutivo
—que utiliza la Constitución según su conveniencia— le dijo que la ansiada medida
no es constitucional. Hombre, eso ya lo sabemos; de ahí que lo que se trata es
que se implante y, si es preciso, se reforme la Carta Magna. Porque los asesinos
pederastas y los asesinos terroristas no pueden seguir abusando del Estado de
Derecho, meciéndose siempre entre el arrepentimiento y la regeneración, que en
el 90 por ciento de los casos es pura filfa por la laxitud de los jueces penitenciarios.
Tan graves delitos deben servir de dique de contención a los depravados y miserables
de la sociedad. No basta con la verborrea política de que “darán con los huesos
en la cárcel” o “se pudrirán entre rejas” (mismamente De Juana Chaos con 27 asesinatos).
Tampoco, por otro lado, hará el menor caso el Parlamento con la recogida de las
500.000 firmas exigidas por la Constitución para cumplir con la iniciativa popular.
Así ha sido y así sucederá, tristemente; lo que confirma la separación entre la
ciudadanía y los representantes del pueblo. Ello obedece al relativismo social
y político que vivimos y al complejo instalado de que cualquier medida drástica
choca con el ejercicio democrático. Tome ejemplo el Gobierno, sin tildar de fachas
a quienes nos apuntamos a la cadena perpetua para los asesinos pederastas y terroristas
porque en la vida “no vale todo”: es lo más sagrado del ser. (Sin dejar de contemplar
un revisionismo progresivo de la pena hacia la hipotética libertad). Tome ejemplo,
digo, el Gobierno socialista de países más democráticos que el nuestro en los
que está implantada la cadena perpetua. Francia, Inglaterra, Alemania… Claro que
tenemos el antecedente del código penal español de 1870. Pero a los treinta años,
el condenado salía a la calle y luego estaba lo de los trabajos forzados, conmutados
en el siglo XX por sopitas y buen vino. Lamento, admirado Juan José, que su esfuerzo,
en la práctica, quede baldío. Pero habrá servido, sin duda, para abonar las conciencias.
Vaya desde aquí mi emocionado saludo. Firmado y rubricado.
slopezcastillo@eresmas.com
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