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Junto a la II Guerra Mundial y la guerra fratricida española, la inteligencia
norteamericana no deja de inspirar ensayos y ficciones. La CIA es una agencia
que nació de la ‘guerra fría’ (1945-1989) sobre las cenizas de la controvertida
OSS. Los tentáculos políticos nublan el servicio al estado usado por el gobierno
de turno en nombre de la seguridad nacional. Queramos o no, así son las cosas.
Y CIA no equivale a excepción. Eric Frattini, un prolífico escritor experto en
espionaje, escudriña entre documentos desclasificados de la CIA y compila en Joyas
de familia (Martínez Roca) un volumen de obligada lectura para los aficionados
al género. Ya nos deleitó con volúmenes donde diseccionaba agentes vaticanos,
al KGB, el Mossad, el MI6, la ONU y al mismísimo Bin Laden. La obra sorprende
con extenso y brillante prólogo (28 páginas) del diplomático Jorge Dezcallar de
Mazarredo, primer civil que dirigió la inteligencia española (hoy CNI) entre 2001
y 2004. Sabíamos que, después, fue Embajador Vaticano y es consumado bibliófilo.
Pero desconocíamos su acertada analítica y cosmovisión. Nos preguntamos si este
prólogo anticipa un — esperado— libro, o resulta más rentable para el mallorquín
hacer negocios por el mundo. Esperaremos novedades. El personaje promete. El corpus
de Joyas de familia atrapa. Se sustenta sobre operaciones entre 1953-1973 que
erraron objetivos, violaron leyes federales o resultaron sonoros fiascos. Aunque
parece un refrito, la obra ilumina bastante. La crónica de Frattini sobre el proyecto
MKULTRA y su mentor Sidney Gottlieb (Dr. Muerte) desvela atrocidades que inventaron
los nazis. Ensayar el ‘suero de la verdad’, con alucinógenos e influir en el comportamiento
humano fue una pesadilla que empezó como un sueño. El Dr. Muerte fue un fanático
de la ‘razón de Estado’. Diversas ‘operaciones’ liquidaron a presidentes, como
el congoleño Patrice Lumumba, el dominicano Leónidas Trujillo, dirigentes vietnamitas,
iraquíes, etc, etc. Otro proyecto, MONGOOSE, multiplicó a la CIA para acabar con
Fidel Castro. Sabemos que el barbudo sobrevivió a múltiples atentados. La chapuza
basculó entre los Kennedy Mafia, FBI… Otra ‘hazaña’ de agentes norteamericanos
se sitúa en el Chile de Salvador Allende bajo clave ZR-RIFLE. Si añadimos las
siglas ITT, el papel de Augusto Pinochet o recordamos la cinta Missing de Costa
Gavras sobran más comentarios. Otros casos protagonizados por antiguos agentes
del KGB, Anatoli Golitsyn y el ‘Caso Nosenko’ nos zambullen en plena guerra fría
con vibrante crónica que pivota entre bambalinas de los bloques: del Kremlin al
Despacho Oval. Las ‘dobles’ fidelidades de curtidos espías [que simbolizó proverbialmente
Juan Pujol ‘Garbo’ durante la 2GM] centra en las deserciones soviéticas tan encarnizada
lucha por dominar el mundo. Subyugar al Vietcong usando toda clase de artes y
bajezas (Proyecto Phoenix) y el increíble Caso Ellsberg para perder la guerra
de Vietnam, perseguir periodistas díscolos ( Jack Anderson), fisgonear el correo
de sospechosos ‘comunistas’ fueron muchos empeños de la inteligencia norteamericana
bien retratados en otros capítulos del libro. Joyas de familia concluye con una
guinda. El ‘caso Watergate’ destapa lo sucio que se juega en política doméstica
usando el ‘todo vale’. A Nixon le costó el puesto. La historia le recuerda con
letra pequeña. Pero ya murió; y la CIA sigue. Felizmente, desde su cuartel de
Langley ya no se patrocinan tan sórdidas operaciones y proyectos, que sepamos.
Esperamos que nadie reitere las palabras de Eisenhower: “En la CIA se hacen cosas
que mejor no intentar explicar”. Ojalá.
andaluciaviva@activanet.es
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