Sin ser el final de la banda, las últimas detenciones llevadas a cabo en el sur
de Francia han vuelto a dejar a ETA descabezada. Su serpiente está gravemente
herida y ya parece que sólo pueden levantar el hacha de la muerte y la destrucción
los jóvenes de Jarrai, esos chicos de la gasolina que se han reciclado desde la
violencia callejera al tiro en la nuca. Ha caído, entre otros, Francisco Javier
López Peña, alias ‘Thierry’, la persona que, según el ministro del Interior, Alfredo
Pérez Rubalcaba, era hasta ahora el número uno de la organización terrorista,
quien disponía de mayor peso e influencias en los aparatos políticos y militar.
Fue él quien participó activamente en las negociaciones mantenidas con el Gobierno
socialista de José Luis Rodríguez Zapatero durante la tregua y el que ordenó romperla
con el atentado cometido contra los aparcamientos de la Terminal 4 del aeropuerto
madrileño de Barajas que costó la vida a dos inmigrantes ecuatorianos, Carlos
Alonso Palate y Diego Armando Estacio. Es la operación más importante llevada
a cabo contra la organización terrorista desde la efectuada en 2004 en el suroeste
de Francia y que culminó con las detenciones de Mikel Albizu Iriarte, ‘Mikel Antza’,
y Soledad Iparragirre, ‘Anboto’. Con López Peña se arrestó a otros tres terroristas
del aparato político de la banda, Jon Salaberria, Ainhoa Ozaeta e Igor Suberbiola.
El relevo no tardará e intentarán con nuevas acciones criminales dar a entender
a la sociedad que no se encuentran tan débiles como parece tras los últimos varapalos
recibidos, en el ámbito policial, gracias a la colaboración de las fuerzas de
seguridad francesas, y en el judicial, donde se estrecha el cerco a la izquierda
abertzale. ‘Thierry’, a punto de cumplir el medio siglo, se hizo con el control
de ETA tras desbancar en el liderazgo de la banda a José Antonio Urrutikoetxea,
‘Josu Ternera’, en busca y captura, a quien se acusaba desde el sector duro de
haber cedido demasiado ante los enviados de Zapatero. Desde entonces fue él quien
capitaneó las últimas reuniones del proceso de negociación con la organización
terrorista. Sus demandas no fueran aceptadas y optó por la ruptura del alto el
fuego permanente cuando pocos de los intermediarios esperaban este desenlace,
ni siquiera los dirigentes de la ilegalizada Batasuna. Lleva 25 años en la clandestinidad.
En los noventa se fugó a Cuba y a la vuelta fue puesto al frente de los grupos
de reserva. El jefe del aparato militar, conocido también como ‘Pierre’, ‘Bartolo’,
‘Zulos’ y ‘Marcel’, preparaba en el piso de Burdeos, junto a los otros tres etarras,
una estrategia para elevar el listón sangriento de los atentados que vienen cometiendo
en las últimas semanas. En mayo del pasado año fue la última vez que protagonizó
el diálogo. Al mes siguiente se hizo público el comunicado sobre el final de la
tregua.