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REFLEXIONES DESDE EL SOBERADO | Manuel
Domínguez Moreno |
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Catarsis en la derecha |
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Ente
los antiguos griegos toda experiencia vital profunda y trascendental debía implicar
una catarsis, la purificación, liberación y transformación interior, y en muchos
casos ritual, que libera de impurezas y regenera, siendo causa y origen de la
tragedia que provoca compasión, horror y otras emociones. En su sentido biológico
la entendemos como la expulsión espontánea o provocada de sustancias nocivas al
organismo. Lo que está ocurriendo en la derecha española no es más que una catarsis
provocada por la segunda derrota consecutiva del PP en unas elecciones generales.
Algo normal en cualquier partido que quiere constituirse en alternativa de poder
o aunque sólo pretenda ejercer en nombre de los ciudadanos que le han otorgado
su confianza y su representación el control político e institucional de quien
asume el poder. Estas crisis son del todo punto necesarias sobre todo en periodos
precongresuales, cuando se hace balance y se apuesta por determinada línea política.
Las ha pasado el PSOE y sin esta regeneración, sin el espíritu de cambio y autocrítica,
jamás habría recuperado el poder. Que nadie se espante pues porque en el PP se
estén tirando los trastos a la cabeza o porque Aznar esté muy disgustado —ya lo
estaba desde mucho antes del 14- M—. Es posible que esta catarsis de la derecha
llegue con cuatro años de retraso. Tendría que haberse producido después de la
primera derrota de Rajoy, no ahora, que el partido parece haber entrado en caída
libre. Aquí ocurre lo mismo que con la Transición democrática y la memoria histórica.
Si se esconden los cadáveres debajo de la alfombra o en los armarios, la corrupción
acaba salpicando toda la casa y con el mal olor se hace insoportable incluso respirar.
Estoy convencido de que el PP saldrá fortalecido de su congreso y con un proyecto
político ambicioso, además de que volverá a retomar su papel imprescindible de
líder de la oposición, una faceta que necesita incluso el propio Gobierno socialista,
aunque nada más que sea por higiene democrática. Sí sería deseable en este sentido
que la crispación se dejará de lado de una vez por todas. No se vive bien en medio
de la confrontación, no se avanza, no se resuelve, no se pacta ni se arregla.
Aznar consiguió el poder con su rostro más moderado, abrazado a Pujol y a Arzalluz,
presumiendo de nacionalismo y de federalismo asimétrico. Lo perdió cuando se echó
al monte. Es importante admitir que en democracia la discrepancia enriquece y
el diálogo fortalece. Si hay que ajustar las cuentas, no lo hagamos a navajazos.
Si hay que contar con los mejores, que se vayan los mediocres. Lo que sería una
auténtica pena es que Rajoy tuviese que marcharse sin que nadie supiese a ciencia
cierta cuál es su proyecto porque hasta ahora su discurso era el de otro. Parece
que la marcha de algunos conduce al descalabro. A María San Gil le han permitido
que exprese todo lo que tiene dentro y que lo haga en su ponencia, pero su discrepancia
no es política y si me apuran ni siquiera ideológica, es que se debe a su mentor.
Alguno en sus filas ha dicho que va a pasar de Juana de Arco a Juana la Loca.
Ni una cosa ni la otra. Con San Gil el PP perdió el liderazgo de la oposición
en Euskadi y, de paso, cien mil votos. Parece que hay barones que no quieren que
Rajoy presente su candidatura. Lo democrático es que se presente quien quiera
y que gane el que reúna más apoyos. Que escuchen a Fraga y aprendan de su lucidez
y coherencia por las que no pasan los años. Él sí es un referente político a quien
el poder no consiguió cambiar.
www.manueldominguezmoreno.net
betisalai@manueldominguezmoreno.net
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