Número.1904 - 26 de mayo - 01 de junio 2008

 

Juan Carlos Arias
Detectives perseguidos
Sabíamos, por la ficción del género, que a los detectives la policía le pisa los talones. Hasta le echan el aliento cuando husmean en asuntos criminales o, peor aún, los detienen para soltar información. La realidad española supera estas ficciones. Da vergüenza ajena al ciudadano creído en policías que le protegen del delito o cómo proceden determinados Mortadelos. En noviembre de 2006 aparece el cadáver del detective madrileño Luis Hernández destrozado por sicarios. Meses después no sabemos quiénes segaron la corta vida de alguien apreciado por cuantos le conocieron. La policía prometió emplear a su élite para resolver el caso aunque con la impagable ayuda de sus colegas de la APDPE. Sólo conocemos silencios, especulaciones y los afanes mediáticos de Julio Gutiez, detective estrella que debió callarse. ¿Reinará la impunidad del caso? Ansiamos novedades. El 6 de mayo de 2008, un veterano detective de Girona hacía fotos en la calle para ilustrar un informe sobre cumplimiento de horarios escolares de menores. Alguien lo denunció y apareció un patrullero de la policía local. El investigador detectó a los uniformados; decidió alejarse sin perder de vista su objetivo, pero los policías lo cazaron. Le sonsacaron, en vano, sobre su misión. Con malos modos lo detuvieron, desnudaron, incautaron su cámara y lo apalearon cual peligroso delincuente. El sórdido suceso ocurrió a pesar de identificarse la víctima y corroborar el Ministerio del Interior que tenía licencia en vigor. La chapuza terminó en comisaría con acusación al detective por desobediencia y citándolo para juicio rápido al día siguiente. En estrados, una magistrada alucinó cotejando la desobediencia con el parte forense sobre el detective. Los médicos deslizaban graves delitos supuestamente cometidos por los policías. La jueza abrió diligencias por presunta detención ilegal, torturas, coacciones, lesiones, vejaciones, etc… El colegio de detectives catalán envió una carta institucional protestando por el incidente a Anna Pagans (PSOE-PSC). Esta alcaldesa debería depurar responsabilidades y evitar que Girona compita con Coslada. Un dato más: la denunciante sería familiar de Joaquim Nadal, conseller del tripartito y antecesor de Pagans. ¿Se cuecen influencias, además, sobre el escándalo? Como hay de todo en la viña detectivesca, destaca otro perseguido. Es un vigilante andaluz despedido de dos empresas de seguridad tras usarlo como delator interno y ubicuo servil. Obtuvo licencia con casi 40 años y decide dictar cátedra al mundo armado de mail, móvil y sin agencia. Se esconde en foros tras un nick alfanumérico. Pontifica al personal qué debe leer y cómo trabajar. Su pluma e ideología ultra destapan otras mediocridades. Pero la realidad es tozuda. La supervivencia del sujeto le exige vigilar a trabajadores de baja a precios de saldo usando trucos miserables. Este detective sólo ansía un pelotazo y jubilarse antes de los 50. Tememos que acabará sirviendo desayunos y seguir con la tradición familiar. Mientras, le persiguen por la calle y pasillos judiciales sus víctimas al “sabelotodo”. Lo que mal empieza, peor termina. ¿El tiempo pondrá al tipo en su lugar? El gremio de detectives, como vemos, atesora realidades diferentes y distantes. Unos son perseguidos por esbirros del poder al que incomodan. Otros encarnan a Torrente simbolizando los peores ejemplos de un oficio incomprendido y huérfano de apoyos. Pero tienen quien les escriba. Recordemos a Chandler definiendo al sabueso: “Por las calles canallescas va un hombre sin ser un canalla”. Deseamos que sólo persigan la verdad con tesón, honestidad y sin atajos. Lo agradecen quienes amamos tan digna profesión.


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