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Sabíamos, por la ficción del género, que a los detectives la policía le pisa los
talones. Hasta le echan el aliento cuando husmean en asuntos criminales o, peor
aún, los detienen para soltar información. La realidad española supera estas ficciones.
Da vergüenza ajena al ciudadano creído en policías que le protegen del delito
o cómo proceden determinados Mortadelos. En noviembre de 2006 aparece el cadáver
del detective madrileño Luis Hernández destrozado por sicarios. Meses después
no sabemos quiénes segaron la corta vida de alguien apreciado por cuantos le conocieron.
La policía prometió emplear a su élite para resolver el caso aunque con la impagable
ayuda de sus colegas de la APDPE. Sólo conocemos silencios, especulaciones y los
afanes mediáticos de Julio Gutiez, detective estrella que debió callarse. ¿Reinará
la impunidad del caso? Ansiamos novedades. El 6 de mayo de 2008, un veterano detective
de Girona hacía fotos en la calle para ilustrar un informe sobre cumplimiento
de horarios escolares de menores. Alguien lo denunció y apareció un patrullero
de la policía local. El investigador detectó a los uniformados; decidió alejarse
sin perder de vista su objetivo, pero los policías lo cazaron. Le sonsacaron,
en vano, sobre su misión. Con malos modos lo detuvieron, desnudaron, incautaron
su cámara y lo apalearon cual peligroso delincuente. El sórdido suceso ocurrió
a pesar de identificarse la víctima y corroborar el Ministerio del Interior que
tenía licencia en vigor. La chapuza terminó en comisaría con acusación al detective
por desobediencia y citándolo para juicio rápido al día siguiente. En estrados,
una magistrada alucinó cotejando la desobediencia con el parte forense sobre el
detective. Los médicos deslizaban graves delitos supuestamente cometidos por los
policías. La jueza abrió diligencias por presunta detención ilegal, torturas,
coacciones, lesiones, vejaciones, etc… El colegio de detectives catalán envió
una carta institucional protestando por el incidente a Anna Pagans (PSOE-PSC).
Esta alcaldesa debería depurar responsabilidades y evitar que Girona compita con
Coslada. Un dato más: la denunciante sería familiar de Joaquim Nadal, conseller
del tripartito y antecesor de Pagans. ¿Se cuecen influencias, además, sobre el
escándalo? Como hay de todo en la viña detectivesca, destaca otro perseguido.
Es un vigilante andaluz despedido de dos empresas de seguridad tras usarlo como
delator interno y ubicuo servil. Obtuvo licencia con casi 40 años y decide dictar
cátedra al mundo armado de mail, móvil y sin agencia. Se esconde en foros tras
un nick alfanumérico. Pontifica al personal qué debe leer y cómo trabajar. Su
pluma e ideología ultra destapan otras mediocridades. Pero la realidad es tozuda.
La supervivencia del sujeto le exige vigilar a trabajadores de baja a precios
de saldo usando trucos miserables. Este detective sólo ansía un pelotazo y jubilarse
antes de los 50. Tememos que acabará sirviendo desayunos y seguir con la tradición
familiar. Mientras, le persiguen por la calle y pasillos judiciales sus víctimas
al “sabelotodo”. Lo que mal empieza, peor termina. ¿El tiempo pondrá al tipo en
su lugar? El gremio de detectives, como vemos, atesora realidades diferentes y
distantes. Unos son perseguidos por esbirros del poder al que incomodan. Otros
encarnan a Torrente simbolizando los peores ejemplos de un oficio incomprendido
y huérfano de apoyos. Pero tienen quien les escriba. Recordemos a Chandler definiendo
al sabueso: “Por las calles canallescas va un hombre sin ser un canalla”. Deseamos
que sólo persigan la verdad con tesón, honestidad y sin atajos. Lo agradecen quienes
amamos tan digna profesión.
andaluciaviva@activanet.es
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