Número.1902 - 12 - 18 de mayo 2008

 

   PALABRAS EN LIBERTAD
Rafael García Rico
Ciclos políticos

Los ciclos políticos se delimitan por grandes acontecimientos que marcan las diferencias. No son los inicios o los finales de legislatura, a no ser que éstas impliquen un cambio en el partido de gobierno. Durante la “época González” se sucedieron gobiernos socialistas y el ciclo fue prácticamente el mismo entre el 86 y el 91, cuando comenzaron las divisiones internas que tanto se alimentaron desde el grupo Prisa. Y luego hubo varios “ciclos”: el del 91 al 95, caracterizado por la crisis interna del PSOE, y el del 93 al 96, marcado por los escándalos judiciales. Así que, si aceptamos el término, este nos sirve para definir escenarios políticos y no plazos de tiempo. El “capitán mande firmes”, con voz femenina, segura y templada, ha marcado el inicio de un ciclo distinto en las relaciones del poder civil con el estamento militar. El Ejercito que quiso revolver Mena se encuentra bajo la dirección de una mujer catalana que pertenece a la generación de la democracia: la que creció más con González que con cualquier otro político, tal y como recordaba ella misma en la celebración del mitin del Palau San Jordi —un icono en la historiografía de las convocatorias electorales socialistas—. España cambia a un ritmo vertiginoso. Aunque para apreciarlo hay que dirigir con corrección la mirada. Si lo hacemos hacia el PP, el conservadurismo clásico de nuestra historia —refugiado durante años en un laboratorio de ideas que tomaba el nombre de Cánovas del Castillo— y ahora itinerante entre la FAES, Génova y la Puerta del Sol, la conclusión sería bastante inmovilista pues la aportación que nuestra derecha ha hecho al proceso histórico español es bastante limitada. Muy tímida por aquello de la minoría en el primer gobierno de Aznar y muy temida durante la mayoría absoluta de la guerra y los atentados. Pedro J. Ramírez, que acaba de publicar un nuevo libro, es un gran cronista de nuestra derecha y domingo a domingo viene mostrando la situación que atraviesa el PP en sus famosas macro columnas. El Mundo, como proyecto empresarial, pidió en un editorial el voto para el PP y otra fuerza que no recuerdo. Forma parte de la legitimidad propia de este ciclo político. Por tanto, es consecuente que manifieste su opinión tanto sobre el resultado como sobre la gestión de éste. El PP le debe mucho tras la derrota de 2004, cuando se negaron a iniciar un necesario nuevo ciclo, y El Mundo contribuyó, desde sus páginas, a la cohesión interna más que muchos dirigentes de esa fuerza. Por ello es poco argumentable por Rajoy pedir que este medio no tenga derecho de opinión sobre la administración —garrafal— de la crisis final de su ciclo en el PP. Hace unos días, asistimos al final de otro. Con la muerte de Calvo Sotelo y el protocolo de sus exequias, la Guardia Civil volvió a entrar, armada, en el Congreso de los Diputados ante el presidente, las mesas del Congreso y del Senado y los Reyes y sus herederos. La última vez había sido durante la votación de investidura del presidente fallecido, cuando entraron, no para rendir honores como esta vez, sino para intentar acabar con la democracia. Tiene gracia que coincida, precisamente, con el ciclo de Carme Chacón al frente del Ejército. Será una señal.



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