Número.1902 - 12 - 18 de mayo 2008

 

   CARTA DEL DIRECTOR
GORKA LANDABURU
De Ajuria Enea a la Moncloa
No queda tiempo para el sosiego y la reflexión en Euskadi, si los hubo en algún tiempo. Dos meses después de la victoria de Rodríguez Zapatero en las elecciones generales, nuevamente todos los focos de la actualidad se van a centrar en el País Vasco. El lehendakari, que no da su brazo a torcer, ha conseguido que el próximo día 20 de mayo, el presidente del Gobierno le reciba en la Moncloa para discutir la hoja de ruta que se ha trazado y que debería culminar en un acuerdo sobre el derecho a decidir de la sociedad vasca. Los malos resultados electorales cosechados por el PNV el pasado 9 de marzo han encendido todas las alarmas en el mundo del nacionalismo democrático. A menos de un año para los comicios autonómicos todos los pronósticos apuntan que posiblemente el nuevo inquilino de Ajuria Enea podría ser el socialista Patxi López. Queda un largo trecho para que esto ocurra, aunque muchos dirigentes y afiliados del PNV consideran que la propuesta de Ibarretxe es un suicidio y les puede mandar a la oposición. Hay sin embargo poco tiempo para rectificar y buscar un nuevo candidato a lehendakari. Constante y tenaz en sus postulados Ibarretxe ha conseguido cerrar filas en su propio gobierno tripartito para poner contra las cuerdas a Rodríguez Zapatero. El jefe del ejecutivo vasco pretende arrancar un compromiso con el presidente del Gobierno. Su argumento principal es volver a los acuerdos de Loyola. Acuerdos que fueron firmados por PNV, PSE-EE y Batasuna pero que más tarde rechazó ETA. La táctica del lehendakari y sus asesores, que tiene un trasfondo electoral evidente, permitiría, en caso más que probable de un desacuerdo en la Moncloa, pasar a una segunda fase para que se pronuncie el Parlamento de Vitoria. Ibarretxe insiste en afirmar que la consulta que tiene prevista para el 25 de octubre es legitima y legal. Si se la impiden entraríamos en una tercera fase que el PNV conoce perfectamente y que no es más que refugiarse en el victimismo y echar todas las culpas a Madrid. Zapatero se ha mostrado favorable a los acuerdos pero se ha pronunciado claramente contra toda tentativa de aventura inconstitucional. El órdago está echado pero en su tozudez basada en un discurso cimentado sobre el soberanismo puro y duro. El lehendakari, que ingenuamente pretende que su plan haga callar las armas de ETA, no cuenta en esta empresa ni con el apoyo de los socialistas, del PP ni de EHAK. Al menos que Ibarretxe no nos haya dicho que el apéndice de Batasuna en la Cámara vasca vaya a apoyar su plan. La iniciativa del lehendakari nace coja y sin el respaldo suficiente. Pretender comenzar a hacer la casa por el tejado es un error, aún más cuando persiste la violencia etarra. El día 20, Zapatero enfriará los ánimos del lehendakari diciéndole simplemente y llanamente “pónganse de acuerdo primero en Euskadi, que si hay entendimiento y avenencia entre las distintas fuerzas políticas, yo os apoyaré”. La mesa de dialogo tiene que partir del País Vasco y no de la Moncloa.

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