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LA
VENTANA DISCRETA | SANTIAGO
LÓPEZ CASTILLO |
| Bichito
II |
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Si a Jesús Sancho Rof, a la sazón titular de Sanidad con UCD, le llamaron “el
ministro bichito” porque dijo que lo de la colza —allá por los años ochenta— es
que se había caído un bichito al aceite, y luego murieron los que murieron, personas,
claro, más montón de paralíticos para toda la vida, al actual, o sea, Bernat Soria,
habría que ponerle de vuelta y media, sin apelativos, por ser un incongruente
de tomo y lomo. Soria, nada de machadiano, valenciano en estado puro, manifestó
que no debía consumirse el aceite de girasol pero, si se consumía, no pasaba nada.
Oiga, señor, no nos tome el pelo; hábito en el que sigue instalado el gobierno
socialista. Igual pasa con el trasvase de Cataluña, que la ministrada, al unísono,
subraya que es conducto, vaso comunicante, agua de un recipiente o agua de Vichy
bautizada en el Ebro por la Virgen del Pilar. El caso es no llamar a las cosas
por su nombre. Porque el PSOE, además de pervertir el lenguaje, tiene grima a
la palabra trasvase; o lo que es igual, al Plan Hidrológico Nacional que diseñó
el PP, en una coherente y necesaria política de Estado reclamada desde los tiempos
de Joaquín Costa, y ya ha llovido. Pero a lo que iba. Lo del aceite. No se dan
las marcas. Dicen (ministro y responsable de la Agencia de Seguridad Alimentaria,
un tal Lobo, qué mal turrón) que la lista de empresas presuntamente implicadas
ocuparía mucho espacio y más ocupa el cerebro de mosquito de estos nefastos gestores
públicos. Las amas de casa no supieron qué hacer con las botellas de girasol aunque
fueran refinados de Koipesol. Pero ¿y las residencias de ancianos donde se cocina
con fritanga? ¿Y los comedores de alumnos? ¿Y las fábricas de patatas fritas o
las de churros donde el aceite de oliva virgen no lo conocen, ni llega ni se le
espera? Los políticos, grandes pensantes, a diferencia de los ciudadanos —encaminados
a ser llamados súbditos—, comen, papean y gochan en restaurantes de cinco tenedores.
Sacan la visa oro y si te he visto no me acuerdo. Claro que en este país, llamado
todavía España, ridiculizado por unos piratas sin pata de palo, corren que se
las pelan, con el Capitán Garfio al abordaje, dinero negro en baúles a Suiza,
todo el campo es orégano e incluso orgasmo como se recoge en la asignatura de
la civilización, donde las fragatas de guerra quedan para la decoración de Trafalgar,
ahora que se cumplen doscientos años. ¿De qué? Porque Zapatero —en versión Disney—
puede reeditarse a sí mismo como “Bamby”, tamaño embustero. No es la primera vez
que este indigente cultural se inventa un supuesto problema para ocultar sus desaguisados,
a los que el PP responde con su silencio franciscano, honorabilísimo fraile motilón,
Rajoy. Sucede con el paro, que es suma y sigue que jamás le entrará en la cabeza
a este iluminado presidente que hace lo que le plazca a sabiendas de que la oposición
no existe. Y, encima, se ufana de que somos el octavo país industrial del mundo,
cuando, en la realidad, estamos en el puesto duodécimo de Europa. —Oiga: ¿es cierto
que vamos en caída libre? —No. Gobierno de España. (Rajoy, como halcón peregrino,
trata de sobrevolar en el juego de las tempestades).
slopezcastillo@eresmas.com
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