Número.1901 - 05 - 11 de mayo 2008

 

Ramon Vilaró
TV3, del gobierno a los partidos
La nueva ley que alumbró la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA) estuvo a punto de naufragar ante la pelea entre los partidos políticos por el nombramiento en la dirección general. Finalmente, la periodista y ejecutiva empresarial Rosa Cullell fue elegida como máxima responsable de los medios públicos audiovisuales catalanes, no sin antes haber despertado reservas y recelos. Cullell era la candidata de los partidos del tripartito, socialistas, republicanos e izquierda-verdes, pero no obtenía el visto bueno de convergentes que, al parecer, defendían otras personas en un ente público que dominaron desde su creación y hasta el relevo del poder. Aunque, en realidad, tanto TV3 como Catalunya Radio siempre han sido medios con profesionales bastante identificados con las tesis de la Catalunya de CiU. Con la nueva ley del CCMA, aprobada por el Parlament de Catalunya, se intentó “despolitizar” unos medios públicos audiovisuales que cuentan con unas nóminas de 2.700 personas, entre periodistas, técnicos y administrativos, y se formó un consejo integrado por una docena de representantes, bajo la presidencia del periodista Albert Sáez.Ya desde el primer momento chirriaron los ejes, ante un consejo que no se distingue, precisamente, por la brillantez profesional de sus componentes, salvo raras excepciones incluido su presidente, y predominaron las sintonías políticas por encima de las profesionales. La CCMA nació ya bastante maleada. De ahí que no fuese una sorpresa la dificultad para nombrar director general, a pesar de la oferta pública, con anuncios en la prensa, para eventuales candidatos, a la que acudieron 26 aspirantes, a quienes, en algunos casos, ni siquiera se cursó una carta protocolaria de acuse de recibo. Por todo ello, a pesar de querer dar un tono de profesionalismo y despolitización del cargo, la CCMA es un reflejo de su propia composición. Ahora no nombra el cargo directamente el gobierno, como en tiempos del pujolismo, pero lo nombran lo partidos, con encajes de bolillos y cambios de cromos a la hora de que periodista acabará ocupando la dirección de TV3 o Catalunya Radio. Nada nuevo bajo el sol para una televisión pública fuertemente deficitaria, en competencia con las privadas a la hora de obtener publicidad y audiencia, aunque reciba las prebendas del erario público a la hora de hacer cuadrar los números y sin ningún rubor, por ejemplo, para dar al telespectador Fórmula 1 por un tubo —y eso que Fernando Alonso no es catalán— en el primer canal. Aunque sea la hora de los informativos del fin de semana y a pesar de contar con un segundo canal, el 33, cuya programación sería, quizás, lo más cercano a una televisión pública que podría financiarse por un canon anual, al filo de las verdaderas cadenas públicas, del estilo de la BBC británica, o la NHK japonesa. A Rosa Cullell, con experiencia que va desde la redacción de economía en El País, hasta la dirección General en La Caixa, o la lírica financiera en el Liceo, no le faltará trabajo si quiere poner las cosas en orden y resistir las presiones de los partidos políticos desde donde cada uno desea, en realidad, una televisión y radio pública a su medida, aunque pagada por todos.

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