Número.1899 - 21 - 27 de abril 2008

 

   PALABRAS EN LIBERTAD
Rafael García Rico
Las modistillas

Así como los gobiernos de Suárez, González y Aznar despertaban interés por conocer la orientación y el toque personal que iban a dar a la estrategia general del presidente y no despertaban mayores recelos que los habituales en la conformación de todo tipo de gabinetes, no ocurre igual con los de Zapatero ya que en ellos se definen con claridad los principios y los objetivos de su política y en ellos se encuentra, también, el significado mismo de la estrategia. Es lo que ha venido a pasar con el último, que define en si mismo todo un objetivo cumplido en la aplicación de las políticas de derechos e igualdad anunciadas en la legislatura anterior y puestas en marcha en los primeros pasos de esta. Una vez más la caverna ha vuelto a lanzar su rugido intolerante y, a falta de argumentos cristalinos que sirvan para realizar una crítica política seria a las decisiones presidenciales, han recurrido al viejo procedimiento del insulto y la descalificación sin más esfuerzo intelectual que hacer uso de la caricatura y el machismo más salaz. El primer gobierno en la historia de España que cuenta con más mujeres al frente de las carteras ministeriales sólo ha recibido desde el lado oscuro de la política y el periodismo la plasmación de un recurso tan clásico como indeseable de la ideología conservadora: el machismo ultramontano de la cocina, la pata quebrada y, por si fuera poco, de las modistillas. Modistillas eran las mujeres que trabajaban para aportar sustento en familias que carecían de recursos básicos para la subsistencia. Modistillas, cigarreras, tejedoras y calceteras —por ayudar un poco a mejorar intelectualmente el extravío dialéctico— pero sin Robespierre. Sufriendo estas mujeres la doble dificultad de ser de una clase explotada y además, mujer. La República puso en su lugar a la mujer, es decir, bajo el paraguas del principio de ciudadanía, y mujeres como Campoamor, Montseny o Nelken contribuyeron con la palabra y la acción a la causa de la declaración de los derechos humanos, tan pisoteados entonces. De las trece rosas alguna fue modistilla incipiente y la que ahora ha desaparecido: la legendaria Rosario Dinamitera, glosada por Miguel Hernández en un hermosísimo poema de guerra, y que era una trabajadora fabril cuando el hecho de que la mujer trabajara fuera de casa era una realidad en la zona democrática y un pecado en la que ganaría la guerra. Pero el calificativo de “modistillas” no es pues más que un reflejo del lugar donde se ha quedado la conciencia de nuestra derecha menos democrática, que no es otro que a caballo entre el siglo XIX y el XX; se podría decir que a tres de este en el que estamos. Lo que supone un descubrimiento para muchos ciudadanos y ciudadanas no es más que una constatación para la mayoría que acudió a votar el nueve de marzo. Bibiana Aído —la más castigada junto a Chacón— podría contestar metafóricamente y sin temor a equivocarse con una de esas coplillas que tanto gustan a esa rancia casta de casino provinciano: “Con las bombas que tiran los fanfarrones, se hacen las gaditanas tirabuzones”. Y las ministras.



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