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Algunas personas presentan reacciones adversas a determinados alimentos o productos
que los acompañan, como colorantes, conservantes y otros aditamentos. Estas reacciones
adversas se presentan en individuos previamente sensibilizados y puede ocurrir
después de ingerir cantidades muy pequeñas. Los síntomas asociados a las reacciones
adversas a alimentos son muy variados y abarcan un amplio espectro de alteraciones
clínicas: • Digestivas: inflamación de la mucosa
de la boca, aftas, edema de labios, granulomatosis oral, dolor abdominal, vómitos,
cólico del lactante, diarrea, estreñimiento, esofagitis, enteropatía, colitis,
hemorragias intestinales, etc. • Respiratorias:
rinitis, tos crónica, bronquitis, asma, neumonía recurrente, otitis, edema laríngeo. •
Dermatológicas: urticaria, dermatitis atópica, púrpuras o pérdida del cabello. •
Nefrourológicas: cistitis, incontinencia o síndrome nefrótico. •
Hematológicas: anemia, eosinofilia y disminución del número habitual de
plaquetas. • Cardiovasculares:Vasculitis, coronariopatías
y arritmias. • Neurológicas/psiquiatricas: migrañas,
síndrome de tensión fatiga, síndrome hiperquinético, déficit de atención, neurosis,
esquizofrenia, insomnio o llanto nocturno. El diagnóstico vendrá determinado
por la historia clínica, que debe ser muy rigurosa. Estará apoyado por determinadas
pruebas cutáneas y test de provocación oral. La historia clínica tratará de establecer
una relación causa efecto entre el alimento sospechoso y el cuadro clínico, intentando
a su vez distinguir entre una verdadera alergia alimentaria y una intolerancia.
La importancia de detectar el alimento que actúa como un antígeno viene determinada
por la gravedad que en muchas ocasiones tiene la ingestión de estos alimentos.
La causa última que provoca las reacciones no se conoce; en algunos casos la presentan
varios miembros de una familia al mismo alimento, o bien que los distintos miembros
de la familia tienen un fondo alérgico aunque sólo uno de ellos padezca este tipo
de alteraciones. Si bien hay determinados alimentos con mayor potencial alergénico,
cualquiera puede dar lugar a estos cuadros en un individuo sensible. Así pues,
alimentos como las castañas, las lentejas, el melón, las fresas, las nueces o
el plátano pueden desencadenar una reacción alérgica . El mejor tratamiento es
la prevención. Un diagnóstico adecuado dará con la clave de los alimentos que
deben ser eliminados de la dieta. En niños, la base de la prevención es aconsejar
la lactancia materna, principalmente en niños de padres con atopia y con valores
altos de la inmunoglobulina E en sangre del cordón umbilical al nacer. Las reacciones
leves pueden tratarse con antihistamínicos, pero siempre es el médico quien debe
prescribirlos y dosificarlos. Cuando se ha desencadenado un reacción alérgica
grave, la permeabilidad de la vía respiratoria se ve comprometida, y éste es el
primer objetivo de los profesionales de la salud. Por ello lo mejor es avisar
inmediatamente a los servicios de urgencia. |