Número.1901 - 05 - 11 de mayo 2008

 

   CARTA DEL DIRECTOR
GORKA LANDABURU
¡ Pagar o no pagar!
La liberación de los 26 tripulantes del “Playa de Baquio” ha puesto fin a una semana de angustia y tensión sufrida por el atunero vasco. No ha sido necesaria la utilización de la fuerza y el rescate pagado ha permitido que todos salgan sanos y salvos de una aventura que podía haber terminado de forma trágica. La colaboración entre el armador y el Gobierno ha logrado llevar a buen puerto las negociaciones y conseguir el resultado que todos esperaban, que era la vuelta a casa de toda la tripulación. Hace escasas semanas y en las mismas aguas del Índico, surgió un incidente similar con otro secuestro, el del “Ponant”, una embarcación francesa de recreo, con 22 tripulantes a bordo. En este caso también se pagó el rescate aunque las fuerzas militares francesas detuvieron, con un gran despliegue, a los secuestradores, recuperando parte del botín conseguido por los piratas. Aquí, en plena negociación con los secuestradores y cuando se trataba de salvar la vida de los marineros, voces provenientes del PP clamaban que no se debía, bajo ningún concepto, negociar con piratas ni con terroristas. Es fácil desde la oposición invocar a la moralidad y la buena conducta, pero me pregunto qué actitud hubiera tomado Gustavo de Arístegui, si él, en un gobierno presidido por su partido, el PP, se hubiera encontrado en las mismas circunstancias. No se debe ni se puede negociar con los terroristas, los mafiosos y los piratas. Pero otra cosa es cuando se trata de salvar vidas humanas. Todos los países han llegado a acuerdos económicos con los secuestradores. Lo han hecho de forma discreta y sin publicidad, como es su obligación, para lograr la libertad de los afectados. Nos guste o no, el pago de un rescate es una práctica bastante extendida. En el mundo occidental basta con referirse a los gobiernos de París, Roma, Londres o Berlín, que han tenido casos similares en Libia, Líbano, Malí, Irak o Afganistán. La mayoría de los secuestros efectuados por ETA con finalidad económica se han resuelto también mediante el pago de un rescate. No podemos rasgarnos las vestiduras, y aunque sabemos que el dinero recaudado por los piratas y terroristas servirá para comprar nuevas armas y realizar nuevos secuestros, tenemos que insistir que la labor de cualquier gobierno es, ante todo, salvar las vidas de sus conciudadanos y buscar soluciones para que casos similares no se reproduzcan. Francia reaccionó con celeridad y mandó rápidamente una fragata a lugar de los hechos por tener una base militar en Djibouti. Sería conveniente, como ha propuesto el ministro Moratinos, que se tomaran las medidas internacionales adecuadas para combatir esta piratería de nuevo cuño que se ha convertido en una auténtica pesadilla para nuestros marineros. Asimismo, que el Gobierno dé las explicaciones oportunas de su gestión sin que todo este asunto se convierta en un nuevo rifirrafe parlamentario entre Gobierno y oposición. Tomemos ejemplo de nuestros países vecinos. Pagar no significa que debamos doblegarnos. Que se lo pregunten si no a la pobre Ingrid Betancourt.

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