Número.1796 - 8 mayo 2006

 

   TRIBUNA DE OPINIÓN
Jesús Eguiguren
Mirando a Cataluña
JESÚS EGUIGUREN
Toda España mira al proceso político que se está viviendo en Cataluña en los últimos tiempos. Con especial interés, los vascos, para quienes lo que allí ocurra puede ser un ejemplo y un modelo a seguir. A pesar de todas las dificultades por las que atraviesa el proceso y a pesar de las críticas y reacciones contrarias que está suscitando, espero que para cuando se publique este artículo el Parlamento catalán haya aprobado su reforma estatutaria. Lo mismo que espero que el Parlamento español, sin hacer dejación de su soberanía, modifique todo lo que tenga que modificar si es el caso. Es normal, por tanto, que los vascos observemos con atención lo que está pasando en Cataluña. Lo que ya no parece tan normal es que los políticos catalanes hagan su debate mirando a Euskadi. Mejor dicho, introduciendo en su debate algunas cuestiones pertenecientes a la tradición política vasca pero que en Cataluña no hacen más que perjudicar un resultado feliz. Hace poco me refería a la cuestión de los Derechos Históricos que, finalmente, parece haberse reconducido. Hoy, no puedo dejar de referirme a otra cuestión que se ha convertido en el centro del debate en Cataluña. Es decir, la cuestión de la financiación autonómica y, más en concreto, las referencias al Concierto Económico. Entiendo perfectamente que la derecha nacionalista catalana, por razones económicas, políticas e ideológicas, reclame la aplicación del sistema de Concierto Económico vigente en Euskadi a Cataluña. Lo que ya no puedo entender es que lo haga la izquierda, como es el caso de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC). Tampoco comparto la negativa excesivamente acomplejada, basada en su inconstitucionalidad, que da el resto de la izquierda catalana. Un sistema de Concierto Económico para Cataluña no sólo no es aconsejable porque sea inconstitucional, sino porque es injusto, insolidario y de derechas. Una cosa es que las provincias forales, País Vasco y Navarra, por una determinada tradición histórica, y porque ese fue el pacto en el momento de la transición democrática, dispongan de Concierto Económico, algo que apoyo y defiendo, y otra cosa muy distinta idealizar falsamente el Concierto Económico. Idealización que no se compadece en absoluto con la realidad. Aunque un análisis en profundidad sería largo y complejo, y no podría entrar en esta columna, me limitaré a señalar cuatro aspectos fundamentales:

1. El Concierto Económico no es, en su origen, un tesoro histórico que ha pervivido a lo largo de los tiempos. Todo lo contrario. El Concierto Económico fue, en el momento de su instauración a finales del Siglo XIX, una mezquina contrapartida tras la abolición de los Fueros y de las libertades vascas.

2. Fue tan mezquina la contrapartida que se trató, básicamente, de comprar a la oligarquía vasca otorgándole “unos cuantos millones de reales”, son palabras de Cánovas del Castillo, a cambio de que no molestaran por la supresión de los Fueros.

3. En esencia, fue un mecanismo injusto socialmente. Dejaba en manos de la oligarquía provincial el manejo de las cuentas. Podían hacer y deshacer a su antojo. Estaban a resguardo de cualquier política fiscal progresista que pudiera poner en marcha el Estado. (Evidentemente, hoy en día el Concierto Económico es una cosa distinta).

4. Finalmente, para quienes tanto idealizan el Concierto como si su propia denominación hiciera referencia a la bilateralidad, también tengo que decepcionarles. La expresión Concierto Económico, en sus orígenes, nada tiene que ver con la bilateralidad. La expresión se consolidó porque el Decreto Ley que estableció el sistema, en su artículo primero, empezaba de la siguiente forma: “Las provincias de Guipúzcoa, Álava y Vizcaya quedan incorporadas al concierto económico español ...”.


No creo que sea necesario seguir. Está claro que no nos encontramos ante algo sobre lo que la izquierda debería preocuparse demasiado en una comunidad autónoma que es totalmente ajena al mecanismo de Concierto Económico. Dicho esto, estoy convencido que finalmente el debate catalán llegará a buen puerto y que será un modelo a seguir por los vascos. Teniendo en cuenta la coyuntura por la que atraviesa Euskadi, sería fundamental que esto ocurriese.



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