Al lehendakari le están moviendo la silla en su propio partido a cuenta de la
consulta y el plan soberanista que proyecta llevar al Parlamento vasco a finales
de junio. Es otro eslabón más de una crisis que se empezó a larvar en el PNV incluso
antes de que el moderado Josu Jon Imaz hiciera mutis por el foro, un tanto cansado
de las desautorizaciones del sector duro a sus propuestas de diálogo y entendimiento
con el Estado español. Su puesto en la presidencia del partido lo ocupó Íñigo
Urkullu, que ahora se ve entre la espada y la pared y pasa del inminente abrazo
al choque de locomotoras en previsión de un adelanto electoral de las autonómicas.
Es él quien en realidad habla cuando el diputado José Luis Bilbao, que goza de
su mayor confianza, descalifica la consulta de Ibarretxe, porque separa más que
une, y tiende puentes hacia los socialistas del PSE para alcanzar acuerdos de
gran calado, tanto en el País Vasco como en Madrid. El descalabro del PNV, en
beneficio de los socialistas, en las pasadas elecciones generales de marzo, ha
hecho mella en el partido. El silencio del lehendakari ante tanto envite da a
entender que a estas alturas las posiciones resultan irreconciliables entre el
mismo Urkullu y los que animan a Ibarretxe a proseguir en sus proyectos secesionistas,
caso de Arzalluz y Egibar. Pasado este trance se conocerá si va a optar a la reelección
en la presidencia o deberá ser relevado. Todo depende en buena medida de la actitud
de Zapatero y del PSE, donde tampoco las posiciones coinciden, y de si acuden
a salvar a los nacionalistas del mar proceloso desde el que buscan pisar tierra.
El tripartito vasco, por lo demás, debe de haber agotado su ciclo dado que las
diferencias crecen y se hacen tan palpables con los otros dos socios, EA y EB–IU.
Los últimos Presupuestos no habrían sido aprobados si no se hubiera contado con
los votos del PSE. Otra señal que redunda a favor de quienes propician la colaboración.
Se puede estar en un callejón sin salida dado que el referéndum va en contra de
la Constitución y que el compromiso adquirido consistió en llevarlo a cabo en
total ausencia de violencia terrorista. Pero la banda terrorista ETA, con la mayoría
de los dirigentes de la izquierda abertzale en prisión, sigue en sus trece, atentando
contra las sedes de socialistas y peneuvistas y extorsionando a los empresarios.
Hay que estar preparados porque el ciclo de la violencia será largo y fue la propia
organización terrorista la que se obstinó en enterrar un proceso de paz y normalización
política que comenzó con la mejor voluntad. El PNV y el mismo lehendakari se aferran
a un clavo ardiendo, pero están en un laberinto que rezuma posiciones antagónicas
y deja entrever una evidente lucha por el poder. Si se acercan al mundo ilegal
de las nueces o lo hacen al Gobierno de Zapatero es lo que deben decidir.