La legislatura próxima a inaugurarse no debe ser, ni será, un calco de la anterior,
aunque podemos temer que se vayan a repetir comportamientos avalados por el todo
vale con tal de llenar la cesta de los votos. Zapatero se propone culminar grandes
pactos de Estado, de reforma constitucional y del poder judicial, solapados bajo
uno mayor que englobaría la lucha antiterrorista y al que han sido llamados todos
los grupos del arco parlamentario, en especial PP y PNV, por las connotaciones
de ambos y su trayectoria política. Mas es posible que los nacionalistas vascos
estén más dispuestos a colaborar que la derecha nacional, ocupada en un proceso
de renovación de su cúpula dirigente que se hace con tantas timideces como miedo
a las hipotecas contraídas en un pasado reciente. Ha llegado la hora de apartar
la crispación del debate diario y de dejar de utilizar a la Iglesia católica en
una contienda democrática a la que nadie los ha llamado a participar porque la
curia es de otro mundo y se cubre de credo para ocultar sus ansias terrenales
de poderes y de bienes materiales. El presidente en funciones ha tendido la mano
a todos y al unísono ha decidido acercarse primero a CiU y PNV para ver por dónde
respiran. Los segundos lo hacen por las heridas que han trazado unos resultados
electorales adversos, divididos sus líderes en cuanto a la oportunidad de una
consulta soberanista a la que el lehendakari Ibarretxe ha puesto la fecha de octubre.
Una cosa es la política del Ejecutivo vasco, alegan los discrepantes, y otra la
del partido, en disposición de alcanzar incluso un pacto de legislatura con el
PSOE si se avanza en el autogobierno y en la financiación. Salvo que se pueden
elegir otras fórmulas para sacar las leyes con mayoría absoluta. La nueva aparición
en escena de José Bono, llamado a convertirse en el próximo presidente del Congreso
de los Diputados, no cuenta con el beneplácito de los que oyen de su boca a menudo
que los nacionalistas son los favorecidos de este sistema y anima a rebajar su
representación. Salvo que lo votarán, hasta con la nariz tapada, si se cumplen
sus demandas, las políticas y las económicas. Los socialistas se han convertido
en la primera fuerza en Cataluña y País Vasco. ¿En vista de lo sucedido, sería
más productivo cortarles los pasos que lanzarles cables si están en peligro de
ahogarse? Habría que mirar más lejos. Se precisa de todos para variar unos modos
altaneros y de reproches reiterados donde las ideas y los proyectos no abundan,
donde los altos precios enriquecen al intermediario y al distribuidor en una economía
desacelerada. Colaboración y unidad es lo necesario para que ETA sepa que sus
asesinatos no cotizan en la Bolsa ni en el debate. Porque lo seguirán intentando,
matar y extorsionar, queriendo lanzar el mensaje de que no están tan débiles como
los pintan.