Número.1896 - 3 de marzo - 06 de abril 2008

 

   REFLEXIONES DESDE EL SOBERADO
Manuel Domínguez Moreno
Pasar de todo y no decir ni mu
MANUEL DOMÍNGUEZ MORENO
Aunque siempre he defendido que los pueblos son dueños de su destino y que, por lo tanto, los vascos deben ser lo que ellos mismos elijan libre y democráticamente, en una situación en la que la razón haya vencido definitivamente al miedo y el terror sea sólo cosa del pasado, la consulta popular convocada por el lehendakari Ibarretxe se ha enquistado de tal manera y es tal la contumacia de quien la impulsa que amenaza con la asfixia política no sólo del Gobierno autonómico sino también del partido que lo sustenta y de los socios que lo respaldan. El referéndum en sí nunca ha sido la solución, sino más bien una parte del problema, como quienes se empeñan constantemente en fracturar la unidad en la lucha antiterrorista sabiendo, como sabemos, que Zapatero gana elecciones diciendo claramente que si estuviese en la oposición apoyaría al Gobierno sin condiciones de ningún tipo. Así es el talante del diálogo y del arreglo, no el del conflicto. Por eso, tras el nuevo escenario que se ha abierto después del 9-M, que no ha hecho sino confirmar la irresistible ascensión que los socialistas vascos experimentaron en las autonómicas, el PNV —y los nacionalistas en general— deberían adaptar su discurso y, sobre todo, atender los dictados de la voluntad popular que se ha expresado clarísimamente en las urnas. Analicemos, siquiera sea brevemente, el callejón sin salida en el que se ha metido Ibarretxe y al que, si alguien no pone remedio —Imaz quiso hacerlo y tuvo que irse, de momento—, arrastrará a todo el PNV y sus votantes, una parte importante del pueblo vasco. Se empeña en mantener para otoño la convocatoria de la consulta a sabiendas de que el Estado no puede consentirla. ¿Qué le queda? ¿Disolver el Parlamento y convocar elecciones anticipadas?… Craso error. Le estaría dando ventaja al PSE, que podría obligarle a un Gobierno de coalición o incluso, nada se puede descartar, ganar las elecciones. De continuar la actual proyección de los socialistas vascos, el PSE no ha tocado ni mucho menos techo mientras que el PNV va en caída libre. Por lo demás, Zapatero necesita más que nunca los votos de los nacionalistas vascos para asegurarse una legislatura sin sobresaltos y llevar a cabo las reformas pendientes. Para un acuerdo global el único obstáculo es el referéndum. No seré el primero ni probablemente el último en imaginar un acuerdo de Estado entre PSOE y PNV, mientras se reedita un gobierno de coalición PNV- PSE, con lehendakari nacionalista o socialista, según los resultados. Con Imaz era posible. Con Ibarretxe no. Como nunca me ha gustado la política ficción, dejemos las cábalas. Lo cierto es que el PNV tiene que cerrar su crisis y que Zapatero, al igual que ha hecho con el resto de las fuerzas políticas, ha tendido una mano abierta para el acuerdo. Repetir los errores del pasado, desde el nacionalismo o desde la derecha, se ha comprobado que conduce a renovar la confianza de la voluntad popular e incrementar la mayoría parlamentaria. Si hemos de poner fin a la crispación, y parece ser que los ciudadanos están hartos de tanta confrontación partidista, no debemos hacer como Bono, dispuesto a atizar a los nacionalistas con la guía de teléfono, o como Erkoreka, que recuerda al presidente del Congreso in pectore su condición de cabestro, es decir, un manso que apunta bravura y entraña peligro cuando se revuelve contra su dueño. Y no creo que lo mejor sea no decir ni mu. Todo lo contrario, como Luis Eduardo Aute, “no sabes el dilema que me crea pasar de todo y no decir ni mu, por eso estoy aquí, maldita sea, plantando cara como harías tú…”.

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