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REFLEXIONES DESDE EL SOBERADO | Manuel
Domínguez Moreno |
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Pasar de todo y no decir ni mu |
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Aunque
siempre he defendido que los pueblos son dueños de su destino y que, por lo tanto,
los vascos deben ser lo que ellos mismos elijan libre y democráticamente, en una
situación en la que la razón haya vencido definitivamente al miedo y el terror
sea sólo cosa del pasado, la consulta popular convocada por el lehendakari Ibarretxe
se ha enquistado de tal manera y es tal la contumacia de quien la impulsa que
amenaza con la asfixia política no sólo del Gobierno autonómico sino también del
partido que lo sustenta y de los socios que lo respaldan. El referéndum en sí
nunca ha sido la solución, sino más bien una parte del problema, como quienes
se empeñan constantemente en fracturar la unidad en la lucha antiterrorista sabiendo,
como sabemos, que Zapatero gana elecciones diciendo claramente que si estuviese
en la oposición apoyaría al Gobierno sin condiciones de ningún tipo. Así es el
talante del diálogo y del arreglo, no el del conflicto. Por eso, tras el nuevo
escenario que se ha abierto después del 9-M, que no ha hecho sino confirmar la
irresistible ascensión que los socialistas vascos experimentaron en las autonómicas,
el PNV —y los nacionalistas en general— deberían adaptar su discurso y, sobre
todo, atender los dictados de la voluntad popular que se ha expresado clarísimamente
en las urnas. Analicemos, siquiera sea brevemente, el callejón sin salida en el
que se ha metido Ibarretxe y al que, si alguien no pone remedio —Imaz quiso hacerlo
y tuvo que irse, de momento—, arrastrará a todo el PNV y sus votantes, una parte
importante del pueblo vasco. Se empeña en mantener para otoño la convocatoria
de la consulta a sabiendas de que el Estado no puede consentirla. ¿Qué le queda?
¿Disolver el Parlamento y convocar elecciones anticipadas?… Craso error. Le estaría
dando ventaja al PSE, que podría obligarle a un Gobierno de coalición o incluso,
nada se puede descartar, ganar las elecciones. De continuar la actual proyección
de los socialistas vascos, el PSE no ha tocado ni mucho menos techo mientras que
el PNV va en caída libre. Por lo demás, Zapatero necesita más que nunca los votos
de los nacionalistas vascos para asegurarse una legislatura sin sobresaltos y
llevar a cabo las reformas pendientes. Para un acuerdo global el único obstáculo
es el referéndum. No seré el primero ni probablemente el último en imaginar un
acuerdo de Estado entre PSOE y PNV, mientras se reedita un gobierno de coalición
PNV- PSE, con lehendakari nacionalista o socialista, según los resultados. Con
Imaz era posible. Con Ibarretxe no. Como nunca me ha gustado la política ficción,
dejemos las cábalas. Lo cierto es que el PNV tiene que cerrar su crisis y que
Zapatero, al igual que ha hecho con el resto de las fuerzas políticas, ha tendido
una mano abierta para el acuerdo. Repetir los errores del pasado, desde el nacionalismo
o desde la derecha, se ha comprobado que conduce a renovar la confianza de la
voluntad popular e incrementar la mayoría parlamentaria. Si hemos de poner fin
a la crispación, y parece ser que los ciudadanos están hartos de tanta confrontación
partidista, no debemos hacer como Bono, dispuesto a atizar a los nacionalistas
con la guía de teléfono, o como Erkoreka, que recuerda al presidente del Congreso
in pectore su condición de cabestro, es decir, un manso que apunta bravura y entraña
peligro cuando se revuelve contra su dueño. Y no creo que lo mejor sea no decir
ni mu. Todo lo contrario, como Luis Eduardo Aute, “no sabes el dilema que me crea
pasar de todo y no decir ni mu, por eso estoy aquí, maldita sea, plantando cara
como harías tú…”.
www.manueldominguezmoreno.net
betisalai@manueldominguezmoreno.net
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