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La leyenda de entrega y solidaridad de las Brigadas Internacionales sustantivó
una guerra impropiamente llamada civil entre españoles (1936-1939). Pocos saben
que Estados Unidos aportó 3.000 voluntarios al combate antifascista donde cayeron
900. Actualmente sobreviven 40. La mayoría integró la XV Brigada Abraham Lincoln.
Los primeros días de 2008 traen la triste noticia de que su último comandante,
Milton Wolff, falleció a los 92 años. Desde entonces, la leyenda está huérfana;
no muerta. Espigado, aventurero y luchador de ideales, este neoyorquino llegó
a España en 1937. Ernest Hemingway escribió sobre su carisma y bravura en Brunete,
la conquista de Teruel y la batalla del Ebro; al tiempo, Wolf le hurtaba copas
al Nobel y levantaba amantes. Robert Cappa ilustró para la historia su arrojo.
Tras acreditar su valía en la guerra fratricida pululó por tierras galas al servicio
de la inteligencia británica. Como espía también demostró oficio, subyugando a
damas y luchando contra los nazis de las más ingeniosas formas. En aquel territorio,
recordemos, se multiplicaron más colaboracionistas que resistentes. De regreso
al Manhattan que despedía los 40, Wolff renovó su coraje tras ser perseguido por
la cúpula anticomunista que entonces reinaba en la finca del Tío Sam. Haber sido
brigadista en España le hacía sospechoso de ser infiltrado soviético. Aquella
paranoia, que avaló Edgard Hoover al frente del FBI con la impagable complicidad
del senador McCarthy cazando brujas y nutriendo ‘listas negras’ en todos los sectores
del país, le hizo cambiar de empleo y arriesgar la nacionalidad norteamericana.
Wolf, no obstante, se comportaba como un patriota que simplemente disentía con
sus actos de lo políticamente correcto. Ahora, podría hablarse de pensamiento
único. Las dificultades, pues, jalonaron la fructífera trayectoria de Wolf. Los
años y su coherencia moral consolidaron su tesón. Rememoró parte de sus experiencias
en la guerra española en una de sus obras publicadas, Another Hill , que fue best
seller en los Estados Unidos. En España se publicó bajo el título La otra colina
(Barataria). La obra estremece por lo vívido de la añoranza juvenil y la sinceridad
de su autor describiendo lo útil y vacuo de aquellos tiempos. La última vez que
Wolf pisó tierras españolas fue con ocasión del homenaje gubernamental a las Brigadas
Internacionales; tenía 90 años. Viajó a los escenarios bélicos de su juventud.
Recorriendo Brunete, Teruel y el escenario de la Batalla del Ebro apenas habló
por la emoción que le embargó visitando aquellos lugares. Exigió silencio a sus
acompañantes mientras ondeaban banderas de libertad. La semilla que sembró en
la familia Milton Wolff impregnó sus ansias para que su ejemplo y obra sean imperecederos.
Le sobreviven dos hijos, cuatro nietos y nueve viznietos. Seguro que llevarán
a gala un ancestro del que escribieron y obtuvieron instantáneas los mejores,
demostrando con sus artículos, libros y conducta lo imprescindible de la dignidad
humana en su más extenso sentido. Los días del siglo XXI hacen retomar parte del
mensaje de Milton Wolff. Escribió que la paz y el diálogo son los pilares para
que siga avanzando la humanidad. Confiemos que las guerras terminen, que no haya
más luchas fratricidas, ni por religiones, reservas energéticas o privilegios
económicos. Algún paisano de Wolf, apellidado Bush o quien llegue a la Casa Blanca
debería tomar nota. Y no hacerse los sordos.
andaluciaviva@activanet.es
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