Número.1896 - 31 de marzo - 06 de abril 2008

 

Juan Carlos Arias
Milton Wolff, el brigadista
La leyenda de entrega y solidaridad de las Brigadas Internacionales sustantivó una guerra impropiamente llamada civil entre españoles (1936-1939). Pocos saben que Estados Unidos aportó 3.000 voluntarios al combate antifascista donde cayeron 900. Actualmente sobreviven 40. La mayoría integró la XV Brigada Abraham Lincoln. Los primeros días de 2008 traen la triste noticia de que su último comandante, Milton Wolff, falleció a los 92 años. Desde entonces, la leyenda está huérfana; no muerta. Espigado, aventurero y luchador de ideales, este neoyorquino llegó a España en 1937. Ernest Hemingway escribió sobre su carisma y bravura en Brunete, la conquista de Teruel y la batalla del Ebro; al tiempo, Wolf le hurtaba copas al Nobel y levantaba amantes. Robert Cappa ilustró para la historia su arrojo. Tras acreditar su valía en la guerra fratricida pululó por tierras galas al servicio de la inteligencia británica. Como espía también demostró oficio, subyugando a damas y luchando contra los nazis de las más ingeniosas formas. En aquel territorio, recordemos, se multiplicaron más colaboracionistas que resistentes. De regreso al Manhattan que despedía los 40, Wolff renovó su coraje tras ser perseguido por la cúpula anticomunista que entonces reinaba en la finca del Tío Sam. Haber sido brigadista en España le hacía sospechoso de ser infiltrado soviético. Aquella paranoia, que avaló Edgard Hoover al frente del FBI con la impagable complicidad del senador McCarthy cazando brujas y nutriendo ‘listas negras’ en todos los sectores del país, le hizo cambiar de empleo y arriesgar la nacionalidad norteamericana. Wolf, no obstante, se comportaba como un patriota que simplemente disentía con sus actos de lo políticamente correcto. Ahora, podría hablarse de pensamiento único. Las dificultades, pues, jalonaron la fructífera trayectoria de Wolf. Los años y su coherencia moral consolidaron su tesón. Rememoró parte de sus experiencias en la guerra española en una de sus obras publicadas, Another Hill , que fue best seller en los Estados Unidos. En España se publicó bajo el título La otra colina (Barataria). La obra estremece por lo vívido de la añoranza juvenil y la sinceridad de su autor describiendo lo útil y vacuo de aquellos tiempos. La última vez que Wolf pisó tierras españolas fue con ocasión del homenaje gubernamental a las Brigadas Internacionales; tenía 90 años. Viajó a los escenarios bélicos de su juventud. Recorriendo Brunete, Teruel y el escenario de la Batalla del Ebro apenas habló por la emoción que le embargó visitando aquellos lugares. Exigió silencio a sus acompañantes mientras ondeaban banderas de libertad. La semilla que sembró en la familia Milton Wolff impregnó sus ansias para que su ejemplo y obra sean imperecederos. Le sobreviven dos hijos, cuatro nietos y nueve viznietos. Seguro que llevarán a gala un ancestro del que escribieron y obtuvieron instantáneas los mejores, demostrando con sus artículos, libros y conducta lo imprescindible de la dignidad humana en su más extenso sentido. Los días del siglo XXI hacen retomar parte del mensaje de Milton Wolff. Escribió que la paz y el diálogo son los pilares para que siga avanzando la humanidad. Confiemos que las guerras terminen, que no haya más luchas fratricidas, ni por religiones, reservas energéticas o privilegios económicos. Algún paisano de Wolf, apellidado Bush o quien llegue a la Casa Blanca debería tomar nota. Y no hacerse los sordos.


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