Número.1895 - 24 - 30 de marzo 2008

 

Ramon Vilaró
¡Agua!
La pertinaz sequía que sufre España en general es más acusada en Cataluña, donde la falta de lluvia ha dejado los pantanos bajo mínimos y provoca serios problemas en los caudales de algunos ríos, en especial el Ter. Ante la falta de agua, un problema advertido por los técnicos desde hace mucho tiempo, los responsables políticos han decidido pasar a la acción. El problema, como siempre, es que peligran de llegar tarde y sin soluciones definitivas. Según la Agencia Catalana del Aigua (ACA), los pantanos están a un 23 por ciento de promedio en su capacidad y Cataluña sufre la peor sequía de su historia, desde 1944 y 1953. La situación de emergencia se decretará cuando los embalses rocen el 20 por ciento de su capacidad de reserva, una eventualidad que, gracias al deshielo de la nieve y las posibles lluvias, no se prevé, en el peor de los casos, hasta pasado el verano. Desde que se dio la señal de alerta, se última un plan de choque para traer agua desalinizada a Barcelona, desde la planta de Carboneras, en Andalucía, mientras se piensa en planes análogos en barcos que la traigan desde la desembocadura del Ródano, en el sur de Francia, cuyos planes de trasvase hacia Cataluña parecen aparcados por la magnitud de su obra. No obstante, para los más futuristas, llevar parte del caudal que el Ródano tira al mar sería la mejor solución para una Cataluña sedienta. Un trasvase entre el río Segre y el río Ter, para optimizar los caudales según sus necesidades, junto a la implantación de plantas desalinizadores —Cataluña cuenta con una, en Blanes, con problemas de funcionamiento debido a su ubicación— serían otras de las soluciones que, junto al trasvase del Ródano, remediarían la falta de agua en Cataluña, según un amplio estudio del Col.legi d’Enginyers de Catalunya, la entidad que cree técnicamente realizables las tres operaciones. Citan, además, que la falta de agua tenderá a empeorar y que el agua es un factor imprescindible para el desarrollo económico y social de un país. Mientras las lluvias no llegan, o, al menos, en la proporción que sería deseable, las autoridades preparan sendos programas restrictivos, que van desde la prohibición de riegos o llenado de piscinas, hasta las limitaciones en el consumo. El problema pasa en cómo será posible controlar a quienes no cumplan el decreto de ahorro de agua. Muchos alcaldes de las zonas afectadas, que alcanza Barcelona y su periferia, consideran que es mejor continuar el esfuerzo pedagógico para que todos valoremos el uso del agua, como un bien escaso. Los municipios han comenzado a rehabilitar viejos pozos acuíferos en desuso, para aumentar el nivel de suministro para aguas de limpieza de calles o riegos de jardines y se remediarán las fugas en las canalizaciones. Mientras nos sensibilizamos para ahorrar agua, siempre nos quedará la posibilidad de un chapuzón en el mar o, para quienes deseen aprender disfrutando de las virtudes y posibilidades del agua, darse un salto hasta la Expo de Zaragoza, donde el agua es protagonista, situada a poco más de una hora para los barceloneses, gracias a la nueva red del AVE, donde, en los días de lluvia, podrá contemplar cómo se desliza el agua sobre los cristales de las ventanas, a 300 kilómetros por hora.

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