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La fibromialgia es un padecimiento crónico difícil de definir. En España la padecen
alrededor de un millón de personas y aunque es más frecuente en mujeres, también
se describe en hombres y niños. La causa no se conoce. Hay profesionales que la
encuadran dentro de un tipo de reumatismo de origen psicológico pero la mayoría
de los investigadores aceptan que enfermedades psiquiátricas conocidas no son
causa de fibromialgia. Los síntomas que presenta son muy variados, pero el dolor
es el más frecuente, encontrándose en la totalidad de las personas que padecen
la enfermedad. La persona manifiesta que siente dolor en todo el cuerpo, que a
veces es en forma de punzadas, otra como escozor, o bien un dolor sordo y continuo.
Lo localizan en columna vertebral, rodillas o caderas, y no siempre en el mismo
sitio. Varía según el día o bien aparece siempre en la misma localización, lo
que hace que las personas que rodean al paciente no den importancia alguna al
proceso. El cansancio es otro de los síntomas más importantes. Suele ser más acentuado
al levantarse y va disminuyendo a medida que pasa el día, aunque puede reaparecer.
Los pacientes refieren rigidez o anquilosis al levantarse o bien tras estar un
tiempo sin moverse en la misma postura. Es característico padecer trastornos en
el sueño. A veces, tienen dificultad para quedarse dormidos, otras veces manifiestan
un sueño agitado con muchos despertares. Además, tras una noche de sueño no reparador,
el dolor y el cansancio es más intenso. Pueden darse tambien cefaleas, vértigos,
pirosis, colon irritable, depresión y muchos otros síntomas. El diagnóstico es
fundamentalmente clínico. La American College of Rheumatology estableció en 1990
los siguientes criterios diagnósticos: • Dolor generalizado de al menos tres
meses de duración. • Dolor inequívoco a la palpación en una serie de puntos
concretos que el médico conoce. Aunque es un padecimiento del sistema musculoesquelético,
es indudable que en la enfermedad intervienen aspectos psiquiátricos y psicológicos.
Algunos autores definen una personalidad muy característica en personas con esta
enfermedad: son exigentes, cuidadosos, ordenados, honestos, responsables, son
pasivos y dependientes, tendentes al pesimismo y la depresión. Aparte de la farmacológica,
existen terapias complementarias que mejoran la calidad de vida: la física ayuda
al paciente a mantener el tono muscular, mejorar el rendimiento cardiovascular
y disminuir los síntomas de rigidez y anquilosis. Por ello siempre es recomendable
caminar deprisa, la natación o el ciclismo. También son beneficiosas las terapias
con aguas termales y los masajes, y terapias de entrenamiento postural y ejercicios
de relajación. Es importantísimo enseñar al paciente a enfrentarse a su enfermedad,
por ello es importante el apoyo psicológico. Esta enfermedad no solo afecta al
paciente impidiéndole desarrollar una vida normal sino que además implica a la
familia. Muchas de los afectados se encuentran aislados porque las personas que
los rodean no asumen que se trata de un padecimiento real, que no es voluntario. |