La victoria de los socialistas en las pasadas elecciones generales se ha debido
en gran medida a la existencia de un partido sin fisuras visibles, al contrario
de lo que viene ocurriendo en su principal rival, el PP, donde el debate sobre
la sucesión de Mariano Rajoy se abrió con demasiada antelación, mucho tiempo ante
de tener que acudir a la cita con las urnas. El candidato se empezó a quemar cuando
muchos de los que se presentaban como sus más fieles y leales no daban un euro
por el triunfo. En cambio, los barones territoriales del PSOE hicieron piña con
la campaña de Zapatero y hasta tal punto ello ha valido la pena que los resultados
obtenidos por los socialistas catalanes y vascos pueden considerarse históricos.
El trabajo desempeñado por José Zaragoza y Carme Chacón en Cataluña, al alimón
con José Montilla, ha dado unos frutos excelentes, como el de Patxi López en el
País Vasco, que se convierte en la única alternativa posible al PNV y al lehendakari
Juan José Ibarretxe. La desunión suele salir cara. Ahora el presidente en funciones
se dispone a desarrollar el cambio iniciado en la pasada legislatura con una renovación
importante en los distintos departamentos ministeriales. Acudirán caras nuevas
y que prometen como las de David Vegara y Ramón Jáuregui y seguirán sentados en
el Consejo de Ministros gente de notable capacidad. Queda conocer si las pretensiones
pasan por dedicar una cartera a un asunto tan delicado como el de la inmigración
y si habrá otro ministerio encargado en exclusiva de nuevas tecnologías, investigación
y desarrollo y a luchar contra los efectos del cambio climático. Se dispone de
otros cuatro años para impulsar las políticas sociales y de igualdad que han venido
caracterizando al ejecutivo. El clima debe ser radicalmente distinto. El ciudadano
está harto de crispaciones y mentiras. Rajoy debe demostrar su talla alcanzado
acuerdos de Estado con los socialistas, lo que no hizo antes, para que exista
una única voz en la lucha contra el terrorismo, el de ETA y el de los islamistas
de Al Qaeda, y salgan adelante las reformas constitucionales que son necesarias,
como la del Senado, una Cámara de representación territorial que en verdad no
ejerce como tal. No basta con oponerse a todo. Hay materias que incumben al conjunto
de la población. Si el líder del PP toma las riendas con decisión y se quita de
encima el pelo de dehesa, esos adornos de la derecha añeja que se arroja en brazos
de la jerarquía eclesiástica para llorar por sus torpezas, habrá hecho un excelente
favor a su partido y al país. Si Zaplana se ha ido antes de que lo expulsen, otros
no están dispuestos a hacer lo mismo porque así se lo ordena la vieja guardia.
Ni al PP ni a España le interesan esos políticos de relumbrón que son capaces
de engañar a todos para conservar la poltrona. Hablamos de Ángel Acebes y sus
secuaces.