Número.1892 - 03 - 09 de marzo 2008

 

   LA RELATIVIDAD
Javier Puebla
Cuatro veces jueves
JAVIER PUEBLA
Es jueves y a las dos y media de la tarde hay una comida en Lhardy para presentar los premios Fernando Quiñones de la editorial Alianza.
Es jueves y a las siete o siete y media estoy invitado —como espectador— a una mesa redonda sobre novela negra en Blanquerna en la que interviene mi muy querido amigo Lorenzo Silva.
Es jueves y a las seis toca la junta anual de vecinos; había pensado ofrecerme como presidente para solucionar algunos problemas.
Es jueves y Fernando Sánchez- Dragó me ha convocado para grabar en Telemadrid un programa sobre Azorín para Las noches blancas.
Jueves, jueves, jueves, jueves. Cuatro veces jueves.
Llamo a Raúl García para disculparme por no acudir a Lhardy (¡Con lo que a mí me gusta comer en Lhardy y las ganas que tenía de conocer a Joaquín Pérez Azaústre, el ganador de este año con La suite de Manolete).
Telefoneo a Lorenzo Silva prometiendo llamar si acabo pronto. Pido a mi mujer que acuda a la reunión de vecinos y a mi padre que se quede con el niño durante el tiempo de la reunión.
Y a las cinco en punto estoy en la puerta de mi casa subiéndome al taxi que me llevará a Telemadrid para grabar el programa de televisión.
Hacía casi diez meses que no iba por los estudios de la televisión autonómica y si hay algo con lo que disfruto es haciendo televisión: tan fácil y entretenido si se compara con escribir (o incluso con tomar copas; al menos para mí).
Al llegar a Telemadrid una chica encantadora, las chicas de producción suelen serlo, llamada María José me lleva a la sala de espera por si quiero un café y unas pastitas antes de que me maquillen. Conozco a todos los invitados, y a todos aprecio. Está Santiago, el Marqués de Tamarón, mi amiga Julia Escobar, el queridísimo Luis Alberto de Cuenca y la erudita más bella y entusiasta del mar pirata en el que navegan los libros: Alicia Mariño. Y por supuesto Fernando Sánchez-Dragó. Es a él a quien más ilusión me hace ver. Le debo mucho: fue la primera persona que me contrató para Disidencias cuando tenía yo veintidós años y quien más me ha apoyado desde que dejé el ministerio para intentar lo imposible: vivir de escribir.
Sólo hay una persona a quien no había visto nunca: un hombre pequeño, añoso, encantador y modesto hasta la delicia. Es Santiago Riopérez y Milá, el mayor especialista en Azorín, el pretexto por el que nos han convocado y reunido para grabar el programa de televisión.
Y es Santiago Riopérez, sabio, sereno y sencillo, quien dibuja la línea de flotación del programa. Observo el respeto que los demás invitados, eruditos todos excepto yo, le profesan. Y quedo fascinado por la seguridad y precisión con las que habla, desgrana anécdotas divertidísimas y aprovecha nuestras sonrisas para ensartar en las mismas información preciosa y valiosa para cualquiera; incluso para quien no conozca a fondo a Azorín.
Intervengo poco pero lo paso espléndidamente. En el coche de vuelta recibo dos llamadas: en Blanquerna fenomenal y Lhardy siempre Lhardy. El presidente de la comunidad continúa, ¡gracias, Dios mío! Me acuesto feliz, pero ya no es jueves. Es viernes. Feliz día para todos.

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