Ni
soy independiente, ni quiero serlo. Desconozco las virtudes de semejante actitud.
Durante la transición, ser apolítico comportaba automáticamente la adscripción
a la derecha. De hecho se decía “fulano es apolítico de derechas”. Cada vez que
se esgrime la imparcialidad nos dan un guantazo, eso sí, bastante parcial. Así
que como no estamos ni robotizados ni desalmados, algunos nos manifestamos exhibiendo
con moderación pero sin pudor, la naturalaza de nuestras ideas. El PP utiliza
con saña antidemocrática el espíritu antidemocrático, también, de la reacción
cívica contra la política. No es difícil descubrir a un adicto a la doctrina más
reaccionaria detrás de las palabras “A mí la política no me interesa. Son todos
iguales”. Yo, con Alfonso Guerra, veo a unos más iguales que otros. O, lo que
es lo mismo, unos son más iguales cuando gobiernan y menos iguales cuando se dan
de bruces contra las urnas. Y esto nos lleva directamente a decir que comparte
obviamente uno de los eslóganes de campaña del PSOE: “No es lo mismo”. No, no
es lo mismo, qué duda cabe. Se vio con claridad en el debate, pero es evidente
en la campaña en su conjunto. Rajoy es el fantasma de las navidades pasadas. Es
como si estuvieras durmiendo tranquilamente un domingo muy temprano tras una noche
de sábado llena de excesos y se presentara en casa, tocando con insistencia el
timbre de la puerta, tu primer marido, para ponerte a hacer el desayuno. Un horror
de retorno al peor pasado, ese que ya dábamos por olvidado. Pues ahí está, amenazando
con poner el fútbol en la tele al mismo tiempo que carrusel deportivo, es un decir,
en la radio. El pasado, sin más. Pepe Blanco ha demostrado conocer los resortes
que organizan nuestras emociones y dan forma a nuestros sentimientos. Es el motor
del PSOE en esta campaña. Tiene tras de sí una activa carrera política. Quienes
no lo conocen se creen que es un recién llegado, pero ha dejado muchos años de
su vida —muchos de ellos con muy pocas compensaciones— defendiendo las ideas que
ahora ejecuta este gobierno. Su colaboración fue imprescindible para llevar a
Zapatero al éxito del Congreso. Y su campaña anterior sentó las bases del triunfo
del 14M. En esta ocasión ha urdido una estrategia llena de símbolos positivos
que reviven el optimismo ciudadano como fundamento de la participación política.
Es una campaña emotiva que cuenta con un rosario de medidas sociales que la asientan
con firmeza en las necesidades de nuestra nación. Pero es, sobre todo, una campaña
que nos da esperanza y alegría. Dos valores que se superponen con fuerza a la
negación y el pesimismo. Me gusta. Me hace ser consciente de mi ciudadanía y del
valor que mi persona tiene en la España que construimos. Me hace sentir parte
de un proyecto. Me hace útil. Y me anuncia que la felicidad es un objetivo que
la política también nos debe procurar. Votaré con todas mi fuerzas a José Luis
Rodríguez Zapatero. Me lleva a ello con impulso la campaña de Pepe Blanco. Me
siento ganadora.