Número.1892 - 03 - 09 de marzo 2008

 

   LA VENTANA DISCRETA
SANTIAGO LÓPEZ CASTILLO
El cocherito leré
Una de las ocurrencias del PP para esta campaña electoral es el cocherito leré. Para los no iniciados en este tipo de vehículos les diré que era cancioncilla infantil que entonaban las chicas mientras saltaban a la comba. La cancioncilla era un tanto picantona, puesto que el cocherito invitaba a un paseo leré, pero el coro de zagalas decía “no, que me mareo, leré”. Corrían los años cincuenta y aún no se habían inventado los “dos caballos” con mecedora ni el Simca-1000 con polvera trasera. El automóvil de los populares, para el 2008, es “verde”. Se lleva mucho el “verde” y usted lo puso en antena hace cuatro años (En verde, TVE 2) pero la actual administración socialista, hoy en días de prórroga, se lo cargó al no tener servidor carné por puntos. Del PSOE, se entiende. Ellos se lo perdieron (y la audiencia también ya que alcanzó uno de los mayores shares de audiencia de la cadena). Bueno, pues los conservadores españoles, que nunca han movido un músculo por el medio ambiente, proponen que los cargos públicos vayan en coches ecológicos. Ja, ja, ja. Es la primera reacción que me produce tal oferta. Igual me da que la hagan los socialistas o los ecologistas (estoy con ellos a muerte siempre y cuando se desvistan de cualquier ropaje político), a los que algunas administraciones públicas — tanto de derechas como de izquierdas— tapan la boca con subvenciones millonarias para, por ejemplo, analizar el canto del grillo resfriado o averiguar el esperma del gato viudo. Los políticos, todos, cuando llegan al poder o se van a la oposición, ejercitan el ordeno y mando desde un coche de gran cilindrada, siempre impresiona, con escoltas, llantas de aluminio y taconazos al pretor romano. Miren (en expresión al uso del político español, que inventó González): Rodolfo Martín Villa nació en un coche oficial con cortinillas, y pervive en su finiquito políticosocial y económico por su perseverancia en su actitud camaleónica, sin desmerecer, desde luego, sus muchos y grandes esfuerzos contra el terrorismo de ETA durante la Transición con Adolfo Suárez. No me imagino, pues, a la derecha e izquierda, centro, ar, dejando de disfrutar de sus cochazos. ¿O alguien se acuerda de Alfonso Guerra, que fletó un “mystère” para ir a una corrida de toros? ¿O a ZP para viajar en un avión del Ejército del Aire con la corista Sonsoles a unos afamados almacenes londinenses, como si no tuviéremos El Corte Inglés, que sí que son universales, mundialmente famosos y siempre patrióticos? ¿O a una ministra socialista en helicóptero para curarse la picadura de un mosquito? ¿O la Maleni, récord de pasajes de avión, gratis total, durante su época de consejera en la Junta de Andalucía? Permítanme, señorías, que me carcajee con su propuesta —a la que se ha sumado Gallardón el faraónico con sus taxis— pues, ya digo, se me hace inverosímil verlos subidos a unos autos tal que alcachofas, que funcionan con biocombustibles y los más propios para unas prisas. Leré.

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