Número.1892 - 03 - 09 de marzo 2008

 

Juan Carlos Arias
Mayoría silenciosa
Ciertos beneficiarios políticos del legado de la transición dilapidaron la herencia. Pero sigue patente lo que formuló el inolvidable Adolfo Suárez para despertar el voto entre los más indecisos. El ex presidente llamaba ‘mayoría silenciosa’ a la masa electoral carente de ideología tras el franquismo, pero su alma es democrática. Ese pueblo silente apoyó a Suárez con entusiasmo. De igual modo que apuñalaron al estadista sus compañeros de UCD. Algunos, con el tiempo, dicen adorarle. Los enemigos de Suárez acabaron en filas de AP-PP y PSOE; destrozaron el centro que inventó el abulense. Esa España callada, no las dos que quieren revivir algunos descerebrados, se volcó con el tándem sevillano Felipe González & Alfonso Guerra. Lograron mayoría absoluta en 1982 en nombre del cambio con mayúsculas. El cheque en blanco duró apenas tres lustros, tras perderse dineros, nepotismo, corruptelas y traicionar al socialismo de izquierdas con socialdemocracia de compadreo. José María Aznar hizo poco pues, en 1996, para ganar las elecciones. Esa mayoría silenciosa quería otro cambio. Lo otorgó con hipoteca: mayoría relativa para gobernar. En 2000 el ahora escritor y conferenciante obtuvo más mayoría, creció en prepotencia y maridó con un petrolero contra millones de españoles adversos a guerras. Con la rabia de una injusticia, la profesada al pueblo iraquí, las urnas aceptaron votos, recordemos voluntarios, que dieron paso a ZP, el nuevo icono del PSOE. Nadie cree que la mayoría de Rodríguez Zapatero fuera coaccionada por el 11-M, excepto algunos malos perdedores del PP. En 2008 se abrirán, nuevamente, las urnas. Los pronósticos dan empate PP-PSOE. La ideología la devaluaron políticos en nómina; la filiación partidista, sindical, cultural… es raquítica, vergonzante si observamos cifras. Esa mayoría reclama ahora viviendas más asequibles, pleno empleo, que acabe el terrorismo y se frene la delincuencia, que los precios no suban (cesta de la compra, combustible, energía, ropa, calzado...). En el primer mundo europeo, esa mayoría paga impuestos por servicios tercermundistas. Muchos ‘silenciosos’ demandamos —y hay quien no se entera sin ser sordo— listas abiertas al Congreso, Senado, autonomías, ayuntamientos…. Queremos funcionarios motivados, jubilados con pensiones dignas, que hospitales y consultorios funcionen mejor, que se ultimen carreteras, que trenes y aviones lleguen a su hora. En suma, a la mayoría silenciosa que Suárez conoció de cerca ahora el ‘Z’ de 2008 y Rajoy deben convencerla. Asumido con resignación el bipartidismo y las minorías nacionalistas oportunistas, la juventud quiere votar en presente con futuro. Los padres, por el de sus hijos; los abuelos por el de sus nietos. Nos tememos que millones de españoles tengan dudas, con el voto en la mano. Pero, necesariamente, tiene que caer en la urna. Veremos los resultados.


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