Número.1891 - 25 de febrero - 02 de marzo 2008

 

Ramón Vilaró
El voto kosovar
En plena campaña electoral, la proclamación de la independencia de Kosovo se ha convertido en un elemento más para definir posiciones y, en definitiva, intentar atraer votos. En Esquerra Republicana de Catalunya, la independencia de Kosovo se celebró con cava, ante cámaras y periodistas, para no dejar lugar a dudas de cuál es su intención. Todos dicen, y así es, que Cataluña no es Kosovo, pero si recuerdan que, desde 1990, hay quince nuevos países independientes en Europa, fruto de la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la URSS, junto al estallido, más sangriento, de la ex Yugoslavia, cuyo último eslabón de la recortada cadena pro independentista es Kosovo. El tema de la independencia de Kosovo hasta fue motivo de una propuesta de Convergència i Unió, apoyada naturalmente por ERC, para que Naciones Unidas reconozca la independencia de Kosovo y, sin citar Cataluña, sea vía para futuras declaraciones de independencia. Pero, las ausencias de 11 diputados de CiU –junto a la del conseller de ERC, Joan Puigcercos – hicieron imposible lograr la mayoría. La moción no pasó debido a que el bloque CiUERC sólo logró 57 votos, contra los 62 de PSC, IC-Verds y, obviamente, PP y Ciutadans. Oriol Pujol, portavoz de CiU, consideró un error imperdonable el no haber sido más rígido al exigir puntualidad a sus colegas de hemiciclo, pero también denunció la jugada de PSC-IC-Verds y, de manera incongruente con su voto, ERC, que adelantaron el orden del día, votando a primera hora de la reunión parlamentaria la declaración de apoyo a Kosovo. El tema de Kosovo, salvando todas las distancias, es bien visto entre la opinión pública catalana, donde un 78 por ciento aprueba la independencia. No es que haya que seguir el mismo camino, pero sí ir hacia la misma dirección. Muchos ciudadanos, y de ahí el brindis con cava de ERC esperando que se traduzca en votos, opinan que si se ha abierto el camino para la independencia en países europeos del Este, pronto tocará hacerlos en algunos europeos del Oeste. Cataluña celebra la independencia de Kosovo, pero mira hacia lo que pueda ocurrir en un futuro referéndum pro independentista en Escocia, y sigue muy de cerca la separación de hecho entre flamencos y valones en la cada vez más dividida Bélgica. Sin olvidar, dicen los más malpensados, qué dirá Francia, uno de los países grandes de la Unión Europea que ha reconocido Kosovo, junto con Alemania, Gran Bretaña e Italia, si un día piden la independencia, por ejemplo, los corsos o los bretones, dos regiones galas con movimientos proindependentistas. El ex presidente Felipe González consideró que los países europeos que han reconocido Kosovo han sembrado “una semilla terrible”, porque ahora cualquier pequeña minoría de la UE querrá ser independiente. Como miembro del equipo de “sabios” que debe reflexionar sobre el futuro de la UE, González podría también preguntarse si no es viable una UE, por cierto de moneda única, sin fronteras y con un mercado integrado, más acorde con la participación y respeto de todos los pueblos que la integran. Seguro que debe haber fórmulas. Y, si no, que los “sabios” las inventen.

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