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REFLEXIONES DESDE EL SOBERADO | Manuel
Domínguez Moreno |
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Vuelo rasante |
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bastado el vuelo rasante de Hugo Chávez en el avión de Fidel sobre La Zarzuela,
a su regreso del Elíseo con todos los honores, para que el protagonismo y liderazgo
en la América Latina que habla en español, que salió malparado del inopinado puñetazo
del Rey en la mesa donde se sentaban los jefes de Estado y de Gobierno de 22 países
soberanos y demócratas, pase de la nación que siempre ha tenido a gala encabezar
una comunidad heterogénea, multicultural y pujante, a otros países que evidencian
mayor peso internacional y un exquisito tacto diplomático a la hora de resolver
peliagudos conflictos. Los reiterados errores de España en Latinoamérica y el
empecinamiento en mantener un esquema de protectorado y madre patria trasnochado
e injusto, en el que las multinacionales y el capital esquilman las riquezas y
los recursos naturales allende los mares mientras que los gobernantes hacen la
vista gorda y miran hacia otro lado, han hecho el resto. La grandeur francesa
acabará imponiendo su sello y su glamour en medio mundo mientras que otros jefes
de Estado, que debían tener mayor sosiego y unas miras más elevadas que su propia
conservación en un mundo que los considera especie en extinción, se dedican a
la caza mayor y al turismo aristocrático. La monarquía española ha cedido al presidente
de la República francesa la iniciativa y ahí tenemos a Nicolas Sarkozy elevándose
a la enésima potencia, ya sea rescatando a españoles en Chad, mediando con Marruecos
o instando a su homólogo colombiano Álvaro Uribe para que no ponga fin a la mediación
de Hugo Chávez ante las FARC para la liberación masiva de rehenes, entre ellos
la candidata presidencial Ingrid Betancourt, de origen galo, y el impulso del
proceso de paz en un país devastado por el terrorismo. Mientras tanto, Juan Carlos
se multiplica por cero ante la estatua de sal de Trinidad Jiménez, impertérrita,
aferrándose a la honra sin barcos porque no envió sus naves —Banco Santander,
Prisa, Unión Fenosa, Mapfre, etc.— a luchar contra los elementos, aunque sí izó
sin proponérselo la bandera de las dictaduras públicas y privadas que ahora tendrá
que arriar si no quiere que los ciudadanos españoles paguemos los platos rotos
de tamaño desvarío y despropósito. Creo que estamos a tiempo de evitar la debacle.
En caso contrario deberíamos empezar a tomar medidas para que no sea siempre el
pueblo quien sufra las consecuencias. ¿Disminuirá el presupuesto de la Casa Real,
que sale de las arcas del Estado y, por tanto, de los depauperados bolsillos de
todos nosotros, en la misma medida en que lo hagan los contratos comprometidos
entre el Gobierno Bolivariano de Venezuela y los astilleros andaluces? Si Francia,
Portugal, Italia, Alemania, o cualquier otro país ve aumentar su cartera de pedidos
de Venezuela a costa de España, tanto de las empresas públicas como privadas,
¿qué solución aportará el PP y los socialistas monárquicos?, ¿y las empresas españolas
multinacionales?, ¿qué aportará el Rey en ese caso?… Creo que es hora ya de llamar
a las cosas por su nombre y de perder de una vez el miedo para convertirlo en
dignidad que nos ayude a conquistar la libertad, aquí y en donde sea. Al genial
Pedro Muñoz Seca lo fusilaron en Paracuellos por monárquico —en mi memoria no
importan los bandos sino las víctimas y la legalidad vulnerada—. Cuando estaba
ante el pelotón, sólo acertó a decir: “Me lo habéis quitado todo, la familia,
la libertad, me vais a quitar la vida; pero ¿sabéis lo que no podéis arrebatarme
jamás?: el miedo”.
www.manueldominguezmoreno.net
betisalai@manueldominguezmoreno.net
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