Número.1878 - 26 nov. al 02 dic. 2007

 

   REFLEXIONES DESDE EL SOBERADO
Manuel Domínguez Moreno
Vuelo rasante
MANUEL DOMÍNGUEZ MORENO
Ha bastado el vuelo rasante de Hugo Chávez en el avión de Fidel sobre La Zarzuela, a su regreso del Elíseo con todos los honores, para que el protagonismo y liderazgo en la América Latina que habla en español, que salió malparado del inopinado puñetazo del Rey en la mesa donde se sentaban los jefes de Estado y de Gobierno de 22 países soberanos y demócratas, pase de la nación que siempre ha tenido a gala encabezar una comunidad heterogénea, multicultural y pujante, a otros países que evidencian mayor peso internacional y un exquisito tacto diplomático a la hora de resolver peliagudos conflictos. Los reiterados errores de España en Latinoamérica y el empecinamiento en mantener un esquema de protectorado y madre patria trasnochado e injusto, en el que las multinacionales y el capital esquilman las riquezas y los recursos naturales allende los mares mientras que los gobernantes hacen la vista gorda y miran hacia otro lado, han hecho el resto. La grandeur francesa acabará imponiendo su sello y su glamour en medio mundo mientras que otros jefes de Estado, que debían tener mayor sosiego y unas miras más elevadas que su propia conservación en un mundo que los considera especie en extinción, se dedican a la caza mayor y al turismo aristocrático. La monarquía española ha cedido al presidente de la República francesa la iniciativa y ahí tenemos a Nicolas Sarkozy elevándose a la enésima potencia, ya sea rescatando a españoles en Chad, mediando con Marruecos o instando a su homólogo colombiano Álvaro Uribe para que no ponga fin a la mediación de Hugo Chávez ante las FARC para la liberación masiva de rehenes, entre ellos la candidata presidencial Ingrid Betancourt, de origen galo, y el impulso del proceso de paz en un país devastado por el terrorismo. Mientras tanto, Juan Carlos se multiplica por cero ante la estatua de sal de Trinidad Jiménez, impertérrita, aferrándose a la honra sin barcos porque no envió sus naves —Banco Santander, Prisa, Unión Fenosa, Mapfre, etc.— a luchar contra los elementos, aunque sí izó sin proponérselo la bandera de las dictaduras públicas y privadas que ahora tendrá que arriar si no quiere que los ciudadanos españoles paguemos los platos rotos de tamaño desvarío y despropósito. Creo que estamos a tiempo de evitar la debacle. En caso contrario deberíamos empezar a tomar medidas para que no sea siempre el pueblo quien sufra las consecuencias. ¿Disminuirá el presupuesto de la Casa Real, que sale de las arcas del Estado y, por tanto, de los depauperados bolsillos de todos nosotros, en la misma medida en que lo hagan los contratos comprometidos entre el Gobierno Bolivariano de Venezuela y los astilleros andaluces? Si Francia, Portugal, Italia, Alemania, o cualquier otro país ve aumentar su cartera de pedidos de Venezuela a costa de España, tanto de las empresas públicas como privadas, ¿qué solución aportará el PP y los socialistas monárquicos?, ¿y las empresas españolas multinacionales?, ¿qué aportará el Rey en ese caso?… Creo que es hora ya de llamar a las cosas por su nombre y de perder de una vez el miedo para convertirlo en dignidad que nos ayude a conquistar la libertad, aquí y en donde sea. Al genial Pedro Muñoz Seca lo fusilaron en Paracuellos por monárquico —en mi memoria no importan los bandos sino las víctimas y la legalidad vulnerada—. Cuando estaba ante el pelotón, sólo acertó a decir: “Me lo habéis quitado todo, la familia, la libertad, me vais a quitar la vida; pero ¿sabéis lo que no podéis arrebatarme jamás?: el miedo”.

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