Número.1876 - 18 noviembre 2007

 

   LA VENTANA DISCRETA
SANTIAGO LÓPEZ CASTILLO
La sentencia
Se equivocará quien crea que me voy a referir a la sentencia de Gómez Bermúdez, el divino calvo del juicio del 11-M. Estas líneas, empero, van orientadas hacia la verborrea que emiten los cronistas deportivos domingo tras domingo, semana tras semana, partido tras partido. Es la grey inculta e indolente que nos rompe los tímpanos si queremos saber la marcha del marcador. En este sentido, el inolvidable Lázaro Carreter les metió un pico de dardos en la palabra del que jamás salieron escocidos; entre otras cosas, porque, sin duda, Carreter podría sonarles a un defensa del Numancia o un aguerrido delantero del Hospitalet. Sin embargo, el académico no registró el vocablo “sentencia”, con que se llenan hoy la boca los voceros del gol. —El Madrid ha sentenciado con el 3-0… —se oye decir al locutor enfebrecido y forofo como un hincha cualquiera. Y el personal se queda tan pancho. Sin tener en cuenta que en muchos e importantes partidos de fútbol se ha dado la vuelta al marcador, también llamado, en cursi, tanteador o score para nota. Sentencia, según la RAE, es “dictamen o parecer que alguien tiene o sigue”, en su primera acepción, o bien, “declaración del juicio y resolución del juez”. Y es que la majadería balompédica-linense, y perdón por los linenses, es muy dada a los neologismos, metáforas y eufemismos. De manera que no faltan expresiones como “abrir la lata” al referirse al carácter defensivo de un equipo, que antaño se llamaba “cerrojo”, y que impusiera aquel Benito Díaz en la Real Sociedad. O el disparo se ha ido al palo corto, cuando los dos postes que sostienen el travesaño son de igual medida. O Fulanito ha sacado el balón bajo palos, expresión que me recuerda a Franco “bajo palio”, con lo sencillo y correcto que sería decir “bajo los palos”. Y luego la forma de dar las alineaciones, con la dupla y su puta madre. Mi amigo Azuara, que es un buen gourmet en el uso de la palabra radiada, me comenta que no me esfuerce, que es peor. Es —sentencia él, sí— empeño inútil. De manera que para saber cómo va el encuentro de tu equipo has de aguantar todo tipo de barrabasadas, escupitajos con la lengua, qué redundancia, vacuidades, banalidades, expresiones comunes, que se acrecientan en personajes bufos como el tal Julio Salinas, al que alienta el simpático “conguito” de La Sexta, y ya no digamos el hortera de Quico el Gracioso, personaje que se da mucho en los terrenos de juego desde Despeñaderos para abajo, sálvese Gordillo y los que viran hacia Séneca. No me imagino, en fin, a ningún cantamañanas de los micrófonos con puñetas dictando sentencia y mucho menos al árbitro de la contienda que domingo tras domingo se muda de camiseta. A lo mejor, Gómez Bermúdez, el árbitro del 11-M, se hace juez del partido intentando emular a Mr. Proper, aquel referee italiano que dejó el pito y se puso a hacer anuncios a calzón quitado. Falle como falle o folle como folle, con perdón, su señoría, la sentencia será siempre motivo de agitación y bandera de los dos equipos.

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