Número.1870 - 08 octubre 2007

 

Ramón Vilaró
Jaleo real
Comenzó con la quema de una foto del rey Juan Carlos en Girona, mientras el monarca cenaba en un acto de empresarios con motivo de la inauguración de un nuevo parque tecnológico, vinculado a la Universitat de Girona. Siguió con la citación a la Audiencia Nacional de uno de los autores de la protestas, Jaume Roures. Y, continuó con nueva quema de fotocopias de retratos de los reyes, de nuevo en Girona y Molins de Rey, acompañado de adhesiones de unos trescientos manifestantes, con eslóganes de “los catalanes no tenemos rey” y “yo también quemo la corona”, en un verdadero jaleo real al que el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, desde su estancia en Naciones Unidas, en Nueva York, y, horas después, el presidente de la Generalitat, José Montilla, desde el Parlament de Catalunya, pidieron “respeto a las instituciones”, porque “Cataluña no necesita quemar nada para hacerse sentir y hacerse respetar”, dijo Montilla. El hecho es que la monarquía es motivo de polémica en Cataluña, sobre todo entre personas proindependentistas, en una postura extremista que se toca con movimientos también antimonárquicos, de signo ultraconservador, que desde las esferas del poder madrileño sueñan con situar a alguno de los suyos en la órbita de un futuro presidente de la republica. La tibieza con que los partidos políticos catalanes han valorado las protestas ha originado serias críticas por parte del Partido Popular de Catalunya y también por Ciutadans, mientras que han sido temperados por figuras de primer plano, como el presidente del Parlament de Catalunya, de Esquerra Republicana de Catalunya, al calificar de lamentable la quema de los retratos, aunque defendió el derecho a la libertad de expresión. A destacar, también, que un diputado de ERC, Uriel Bertran, acudió a una comisaria de los Mossos d’Esquadra, para autoinculparse, a titulo individual, de haber participado en actos de rechazo a la monarquía española. Mientras la fiscalía del Estado continua sus diligencias de respuesta penal, al comportar insulto o vejación la quema de un retrato del rey, el fenómeno peligra de convertirse en una mancha de aceite político en tiempo de precampaña electoral. Se suma, de alguna manera, al secuestro del semanario satírico El Jueves, que dedicó una portada picante a los príncipes de Asturias, con motivo de la ayuda gubernamental de 2.500 euros a los recién nacidos, mientras algunos recuerdan las recientes críticas del político vasco, Anasagasti, a la familia real, algo siempre polémico y delicado, sobre todo que se puede ser monárquico, o republicano, seguidor o adversario, pero sin necesidad de quemar ningún símbolo. Y, si no, que se lo digan a la familia real británica, acostumbrada a estar en el ojo del huracán, sin que nadie queme los retratos de la reina, a pesar de sus jaleos reales.

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