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| Jaleo
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Comenzó con la quema de una foto del rey Juan Carlos en
Girona, mientras el monarca cenaba en un acto de empresarios con motivo de la
inauguración de un nuevo parque tecnológico, vinculado a la Universitat de Girona.
Siguió con la citación a la Audiencia Nacional de uno de los autores de la protestas,
Jaume Roures. Y, continuó con nueva quema de fotocopias de retratos de los reyes,
de nuevo en Girona y Molins de Rey, acompañado de adhesiones de unos trescientos
manifestantes, con eslóganes de “los catalanes no tenemos rey” y “yo también quemo
la corona”, en un verdadero jaleo real al que el presidente José Luis Rodríguez
Zapatero, desde su estancia en Naciones Unidas, en Nueva York, y, horas después,
el presidente de la Generalitat, José Montilla, desde el Parlament de Catalunya,
pidieron “respeto a las instituciones”, porque “Cataluña no necesita quemar nada
para hacerse sentir y hacerse respetar”, dijo Montilla. El hecho es que la monarquía
es motivo de polémica en Cataluña, sobre todo entre personas proindependentistas,
en una postura extremista que se toca con movimientos también antimonárquicos,
de signo ultraconservador, que desde las esferas del poder madrileño sueñan con
situar a alguno de los suyos en la órbita de un futuro presidente de la republica.
La tibieza con que los partidos políticos catalanes han valorado las protestas
ha originado serias críticas por parte del Partido Popular de Catalunya y también
por Ciutadans, mientras que han sido temperados por figuras de primer plano, como
el presidente del Parlament de Catalunya, de Esquerra Republicana de Catalunya,
al calificar de lamentable la quema de los retratos, aunque defendió el derecho
a la libertad de expresión. A destacar, también, que un diputado de ERC, Uriel
Bertran, acudió a una comisaria de los Mossos d’Esquadra, para autoinculparse,
a titulo individual, de haber participado en actos de rechazo a la monarquía española.
Mientras la fiscalía del Estado continua sus diligencias de respuesta penal, al
comportar insulto o vejación la quema de un retrato del rey, el fenómeno peligra
de convertirse en una mancha de aceite político en tiempo de precampaña electoral.
Se suma, de alguna manera, al secuestro del semanario satírico El Jueves, que
dedicó una portada picante a los príncipes de Asturias, con motivo de la ayuda
gubernamental de 2.500 euros a los recién nacidos, mientras algunos recuerdan
las recientes críticas del político vasco, Anasagasti, a la familia real, algo
siempre polémico y delicado, sobre todo que se puede ser monárquico, o republicano,
seguidor o adversario, pero sin necesidad de quemar ningún símbolo. Y, si no,
que se lo digan a la familia real británica, acostumbrada a estar en el ojo del
huracán, sin que nadie queme los retratos de la reina, a pesar de sus jaleos reales.
rvilaro@cambio16.info
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