Número.1871 - 15 octubre 2007

 

   EDITORIAL
Llueve sobre la corona

Lo saludable en los tiempos que corren es que en un mundo democratico, de deberes y derechos, queden tan solo los reyes de la baraja. Aqui somos pasto de una herencia infernal. La que nos lego un tirano enriquecido en el poder que, deseoso de dejarlo todo atado y bien atado, se saco de la manga una figura que iba a velar por la permanencia de sus falsos valores. Menos mal que el rey Juan Carlos comprendio que asi no iban a llegar a buen puerto ni el ni los espanoles y enfilo el barco hacia el pais constitucional. Desde entonces ha estado navegando entre privilegios, aprovechando el pacto existente hace tanto en los poderes economicos y los medios de comunicacion para que no se le viera el traje manchado. Han pasado mas de treinta anos y el progreso es evidente. Tanto como que los que han permanecido habitualmente sin voz claman en la calle para iniciar al menos un debate que debio haber dado comienzo cuando la transicion democratica nacia entre ilusiones e interrogantes. Se busco parar el tren de la historia, pero esos carteros incisivos llaman dos y hasta tres veces. Llueve sobre mojado, a cantaros, y llueve entre relampagos sobre la corona que para muchos no ha estado a la altura de las circunstancias porque se cerro en banda a propiciar cambios que acercaran la familia real al comun de los mortales y la apearan del cuento de las mil maravillas sufragadas por las arcas publicas. No existe en Europa un caso de jefe de Estado similar, que no este obligado a responder del dinero que recibe ni pueda ser imputado ante los tribunales de justicia, por no hablar de que el y el resto de su familia ejercen con las leyes a su favor como los unicos objetores fiscales del reino. Y ello que Hacienda, solian decir, somos todos, sin excepcion alguna. Hasta aqui hemos llegado. Las nuevas generaciones se inquietan con razon desde el mismo instante que conocen con pelos y senales el escenario de esta comedia, que queda de maravillas en el relumbron de las revistas del corazon, pero no aporta mucho a la convivencia de un pueblo que desea decidir con sus votos desde el color del gobierno de turno hasta la configuracion del sistema, si monarquia o republica, porque la primera formula nos la colaron con la Constitucion que sucedio a los principios del Movimiento que no se demostraba andando, sino reprimiendo, encarcelando, llenando las casas de sangre inocente, lapidando el erario publico en beneficio de unos cuantos privilegiados que siempre han estado a la sombra de los que reparten la tarta. El mismo monarca debio de haber propiciado ese nuevo clima, pero tuvo miedo. Y los que le siguen la corriente desde arriba secuestran publicaciones y preparan condenas excesivas para unos alborotadores que se expresan donde se les escucha, no en los palacios de papel de esos prebostes identificados con los que van ganando. ¡



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