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Sabíamos que Internet aloja estafadores escondidos en webs. También escriben mails:
proponen negocios, premios millonarios, vacaciones gratis. Entre las modalidades
del timo de última generación hay uno que desconocen policía y servicios secretos.
Nadie lo denuncia porque sería acusado ipso facto. Tiene que ver con la venta
de visados a través de terceros, pringando teóricamente a funcionarios consulares.
Ya han picado algunos listos repartidos por toda la Unión Europea, en España y
Portugal más que allende los Pirineos. Protagonizan la historia del cazador cazado.
La mecánica del delito es compleja. Se basa en llamadas en perfecto inglés que
reciben empresarios y profesionales con versión en el idioma de Shakespeare. El
interlocutor propone negocio o que le oferten localizar a funcionario en el Ministerio
de Exteriores que supervise visados europeos en China, Sri Lanka, Pakistán, Bangladesh,
aunque mayoritariamente en India. Dice el timador, con voz imperiosa, que allí
se ‘venden’ los visados a 6.000 euros por persona y que el negocio factura 60.000
euros por semana. El codicioso que se crea con las cifras por hacer apenas un
contacto ‘de negocios’ suele seguir el cuento cuando le invitan en business a
un hotel de 5 estrellas en Delhi o Colombo para cerrar el negocio. A cuenta de
unas evidencias documentales del negocio, la supuesta trama corrupta que los timadores
controlan piden 50.000 euros. Cuando el ‘listo’ paga todo, desaparece: hasta el
teléfono y las señas de Internet desde la que los estafadores funcionaron para
aplicar su ‘cuento largo’. El timado se queda sin el golden chance que acariciaba,
entendiendo que no había delito, todo era legal según sus promotores, etc… Hay
casos en los que las víctimas del timo están avergonzadas por su proceder; la
mayoría, no obstante, calla, aunque los hay prepotentes que quieren localizar
a los timadores para recuperar sus dineros. Lo que no tiene disculpa entre las
¿víctimas? del timo es que el negocio del que querían ser socios se basa en explotar
a gentes desesperadas del Tercer Mundo que pagan lo que sea por llegar a la Europa
del bienestar. Entre los timos, las cartas nigerianas hicieron furor entre avariciosos
que creían jubilarse como millonarios adelantando unos miles de euros que por
supuesto perdían. Otros creían ‘fabricar’ billetes de 50, 100, 200 ó 500 euros
con un líquido maravilloso. La estampita del siglo XXI dejó en la cuneta a cientos
de listos. Es calumnioso que para el timo de los visados los estafadores usen
nombres reales de diplomáticos en activo para justificar su negocio. ¿Hará algo
Moratinos? Nos preguntamos si es cierto el panorama corrupto que presentan los
timadores para el trapicheo de los visados. Con esa hipótesis se ataca la — poca—
buena fe del codicioso. Y nos insultan a todos. ¿Hasta cuándo? andaluciaviva@activanet.es
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