El nacionalismo que se presenta con perfil moderado y, en primer término, los
independentistas, sueltan al aire sus proclamas y las revisten de llamamientos
a la desobediencia precisamente cuando el ejecutivo central de turno hace las
cuentas del año y decide el reparto de las inversiones estatales en las diferentes
comunidades autónomas. Es el instante adecuado de levantar la voz y acudir al
simbolismo de quemar unos retratos para que la presión se haga latente y no haya
lugar a dudas de que ellos hace tiempo que se sienten apretados en el corsé de
la España centralista. Pero las puestas en escena y la realidad no siempre confluyen
y se encaminan por los mismos derroteros. Catalanes y vascos, abanderados del
progreso y el desarrollo nacional, exigen en estas ocasiones la mayor parte de
la tarta, obviando las necesidades de zonas del país como Andalucía o Extremadura
que persisten en la cola del crecimiento. Salen los independentistas de todos
los garitos y los que lo son menos suben al mismo vehículo entre otras muchas
razones por pura rentabilidad electoral. A medio año de las elecciones generales,
esos movimientos tan perceptibles no pueden coger de sorpresa a nadie. Sí que
Josu Jon Imaz haya desistido de volver a presentarse a la reelección para la presidencia
del PNV. Su discurso a favor de la cooperación con España, que no de la confrontación
y la división, no es del agrado del lehendakari Juan José Ibarretxe, empeñado
en una consulta popular soberanista, aunque todavía no se haya puesto punto y
final a la violencia terrorista de la banda ETA, lo que indica que el referéndum
no se celebraría en libertad ni en condiciones de absoluta legalidad. Tampoco
lo suscribe Xabier Arzalluz, quien todavía mueve los hilos. La crisis está servida,
aunque no es previsible que se repita el cisma. Ese doble mensaje corre a veces
por Cataluña. Duran i Lleida pretende ser ministro de Zapatero pero mientras eso
llega lo acusa de estar engañando a los catalanes. Su socio, Artur Mas, tira la
piedra y esconde la mano al conocer el excelente pellizco que su tierra se llevará
de los presupuestos. Los republicanos de ERC intentan arañar de todos los descontentos,
cuando estamos cansados de observar cómo revientan el tripartito catalán y al
poco congenian con los socialistas para volver a instaurarlo. En ese revuelto
de incongruencias surge la figura del presidente, que hace promesas electorales
de dudoso cumplimiento. La referente a las ayudas en el alquiler de viviendas
ya existía, pero era algo desconocido. Los bancos ignoran aún que se haya hablado
de otorgar créditos a interés cero a los jóvenes que deseen obtener el carnet
de conducir. Habrá más, pero el presidente debería de acompañar esos lances al
sol del manual de instrucciones con el que los interesados puedan conocer dónde
y de qué manera se accede a la ayuda.