Número.1869 - 01 octubre 2007

 

   EDITORIAL
Cooperación o división

El nacionalismo que se presenta con perfil moderado y, en primer término, los independentistas, sueltan al aire sus proclamas y las revisten de llamamientos a la desobediencia precisamente cuando el ejecutivo central de turno hace las cuentas del año y decide el reparto de las inversiones estatales en las diferentes comunidades autónomas. Es el instante adecuado de levantar la voz y acudir al simbolismo de quemar unos retratos para que la presión se haga latente y no haya lugar a dudas de que ellos hace tiempo que se sienten apretados en el corsé de la España centralista. Pero las puestas en escena y la realidad no siempre confluyen y se encaminan por los mismos derroteros. Catalanes y vascos, abanderados del progreso y el desarrollo nacional, exigen en estas ocasiones la mayor parte de la tarta, obviando las necesidades de zonas del país como Andalucía o Extremadura que persisten en la cola del crecimiento. Salen los independentistas de todos los garitos y los que lo son menos suben al mismo vehículo entre otras muchas razones por pura rentabilidad electoral. A medio año de las elecciones generales, esos movimientos tan perceptibles no pueden coger de sorpresa a nadie. Sí que Josu Jon Imaz haya desistido de volver a presentarse a la reelección para la presidencia del PNV. Su discurso a favor de la cooperación con España, que no de la confrontación y la división, no es del agrado del lehendakari Juan José Ibarretxe, empeñado en una consulta popular soberanista, aunque todavía no se haya puesto punto y final a la violencia terrorista de la banda ETA, lo que indica que el referéndum no se celebraría en libertad ni en condiciones de absoluta legalidad. Tampoco lo suscribe Xabier Arzalluz, quien todavía mueve los hilos. La crisis está servida, aunque no es previsible que se repita el cisma. Ese doble mensaje corre a veces por Cataluña. Duran i Lleida pretende ser ministro de Zapatero pero mientras eso llega lo acusa de estar engañando a los catalanes. Su socio, Artur Mas, tira la piedra y esconde la mano al conocer el excelente pellizco que su tierra se llevará de los presupuestos. Los republicanos de ERC intentan arañar de todos los descontentos, cuando estamos cansados de observar cómo revientan el tripartito catalán y al poco congenian con los socialistas para volver a instaurarlo. En ese revuelto de incongruencias surge la figura del presidente, que hace promesas electorales de dudoso cumplimiento. La referente a las ayudas en el alquiler de viviendas ya existía, pero era algo desconocido. Los bancos ignoran aún que se haya hablado de otorgar créditos a interés cero a los jóvenes que deseen obtener el carnet de conducir. Habrá más, pero el presidente debería de acompañar esos lances al sol del manual de instrucciones con el que los interesados puedan conocer dónde y de qué manera se accede a la ayuda.



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