Número.1867 - 17 septiembre 2007

 

   EMPRESAS Y EMPRESARIOS
Alberto Valverde
Invierno económico en el mes de agosto
ALBERTO VALVERDE
No le marchan bien las cosas a Zapatero. Con el frente de ETA saltándo por los aires tras el fin de la tregua, el socialista leonés había apostado por la aparente buena situación de la economía y por la vuelta a la dureza en la política antiterrorista para salvar los trastos de cara a las elecciones generales del próximo mes de marzo. Pero las cosas no parecen ir bien o, al menos, no se presentan como al inquilino de la Moncloa le gustaría. Un mes horrible en la Bolsa, el agravamiento creciente de la crisis inmobiliaria y unas cifras inusuales de aumento de paro en el mes de agoto, han dejado temblando a los estrategas de la Moncloa y de Ferraz. De seguir así las cosas, el panorama se va a poner feo en la ya incipiente campaña electoral. En el PP han tomado buena nota de la situación y hasta un reticente Mariano Rajoy ha comenzado a pensarse, frente a las presiones internas que recibe del partido, si colocar a Rodrigo Rato, paladín y estandarte del buen hacer en política económica, en un puesto destacado en las listas para las próximas elecciones. Al ya ex director gerentel del FMI, que vuelve a Madrid después de la Asamblea General del organismo mundial a final de este mes, la idea de pasar por el “salvador” del PP y de la economía española, le seduce. Pero volvamos a la situación económica. Por vez primera en sus tres años y pico en la Moncloa, Zapatero comienza a ver nubarrones serios en el frente económico. La verdad es que Pedro Solbes, en Economía, no lo ha hecho mal. Pero de la misma forma que José María Aznar vivió de las rentas del periodo de ajuste previo que realizó el último Gobierno de Felipe González, curiosamente con Solbes como responsable de Economía, el Gobierno de Zapatero ha estado haciendo lo mismo. Es decir, aprovechando el buen tirón de la “economía del ladrillo” heredada de la segunda legislatura aznarista y del favorable momento de la conyuntura internacional. Las cosas han cambiado, sin embargo. La fuerte subida de los precios del petróleo y otras materias primas finalmente han hecho mella en los precios y a los Gobiernos comunitarios y a la Administración de George Bush en Estados Unidos les ha entrado elpánico con el riesgo inflacionista. El resultado ha sido darle una tuerca de más a la política monetaria, con un endurecimiento de sus condiciones. La consecuente subida de los tipos de interés y la reducción de liquidez del marcado ha anticipado la crisis inmobiliaria generando una convulsión de confianza en los mercados. Este verano ha sido horrible. La amenaza de un hundimiento del precio de los valores bursátiles, fruto de los efectos de la crisis de liquidez en los mercados financieros de alto riesgo, como los “subprime” en Estados Unidos, han provocado dos meses de casi pánico. Los bancos centrales comunitario y norteamericano han inyectado fondos en el sistema financiero, pero eso no ha evitado que la confianza se haya resquebrajado. En España, por su lado, un verano invernal, en términos climatológicos, ha disparado las cifras del paro a niveles desconocidos en diez años. Pero esa ha sido la disculpa. Lo cierto es que el turismo y el consumo, motores de la economía se han parado.




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