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No le marchan bien las cosas a Zapatero. Con el frente de ETA saltándo por los
aires tras el fin de la tregua, el socialista leonés había apostado por la aparente
buena situación de la economía y por la vuelta a la dureza en la política antiterrorista
para salvar los trastos de cara a las elecciones generales del próximo mes de
marzo. Pero las cosas no parecen ir bien o, al menos, no se presentan como al
inquilino de la Moncloa le gustaría. Un mes horrible en la Bolsa, el agravamiento
creciente de la crisis inmobiliaria y unas cifras inusuales de aumento de paro
en el mes de agoto, han dejado temblando a los estrategas de la Moncloa y de Ferraz.
De seguir así las cosas, el panorama se va a poner feo en la ya incipiente campaña
electoral. En el PP han tomado buena nota de la situación y hasta un reticente
Mariano Rajoy ha comenzado a pensarse, frente a las presiones internas que recibe
del partido, si colocar a Rodrigo Rato, paladín y estandarte del buen hacer en
política económica, en un puesto destacado en las listas para las próximas elecciones.
Al ya ex director gerentel del FMI, que vuelve a Madrid después de la Asamblea
General del organismo mundial a final de este mes, la idea de pasar por el “salvador”
del PP y de la economía española, le seduce. Pero volvamos a la situación económica.
Por vez primera en sus tres años y pico en la Moncloa, Zapatero comienza a ver
nubarrones serios en el frente económico. La verdad es que Pedro Solbes, en Economía,
no lo ha hecho mal. Pero de la misma forma que José María Aznar vivió de las rentas
del periodo de ajuste previo que realizó el último Gobierno de Felipe González,
curiosamente con Solbes como responsable de Economía, el Gobierno de Zapatero
ha estado haciendo lo mismo. Es decir, aprovechando el buen tirón de la “economía
del ladrillo” heredada de la segunda legislatura aznarista y del favorable momento
de la conyuntura internacional. Las cosas han cambiado, sin embargo. La fuerte
subida de los precios del petróleo y otras materias primas finalmente han hecho
mella en los precios y a los Gobiernos comunitarios y a la Administración de George
Bush en Estados Unidos les ha entrado elpánico con el riesgo inflacionista. El
resultado ha sido darle una tuerca de más a la política monetaria, con un endurecimiento
de sus condiciones. La consecuente subida de los tipos de interés y la reducción
de liquidez del marcado ha anticipado la crisis inmobiliaria generando una convulsión
de confianza en los mercados. Este verano ha sido horrible. La amenaza de un hundimiento
del precio de los valores bursátiles, fruto de los efectos de la crisis de liquidez
en los mercados financieros de alto riesgo, como los “subprime” en Estados Unidos,
han provocado dos meses de casi pánico. Los bancos centrales comunitario y norteamericano
han inyectado fondos en el sistema financiero, pero eso no ha evitado que la confianza
se haya resquebrajado. En España, por su lado, un verano invernal, en términos
climatológicos, ha disparado las cifras del paro a niveles desconocidos en diez
años. Pero esa ha sido la disculpa. Lo cierto es que el turismo y el consumo,
motores de la economía se han parado. |