Número.1867 - 17 septiembre 2007

 

   LA VENTANA DISCRETA
SANTIAGO LÓPEZ CASTILLO
Regàs y no volverás
Siempre tuve inclinaciones catalanistas, dicha sea la verdad, incluidas las sexuales, porque en la Costa Brava, en tiempos de la oprobiosa, se podía follar a calzón quitado, cosa que no ocurría en el resto de España (que no del Estado como se dice ahora para no denominar a la nación por su nombre, esos que se enjuagan la boca con el agua profiláctica del independentismo). Fui pionero madrileño, con honra, en aquellas benditas tierras de los años setenta, el litoral más bello del Mediterráneo que cantaron espléndidamente Pla y Bartolomé Soler, refocilándose en el gusto, después, Joan Manuel Serrat, golpe a golpe, verso a verso. Me llegó, felizmente, el cese de Rosa Regàs como directora de la Biblioteca Nacional, la más iletrada y sectaria de cuantos ocuparon su cargo y que los hubo nefastos, pero no dando patas en los cojones de Menéndez Pelayo, por ejemplo, que los tiene pétreos a la entrada del histórico edificio de Castellana-Recoletos, casi por frente del Gijón donde Umbral se nos fue por un ventanal fumándose ninfas olorosas en pétalos de amor. Mi aversión, y prosigo, contra la Regàs hizo que, viviendo a las afueras de Madrid, dónde mejor, me borrara de Circulo de Lectores, aquel cartero de libros que llamaba más de dos veces a la puerta durante la pubertad. Bien, pues, como refiero, el año pasado cancelé mi contrato con la editorial porque en la portada de la revista que incluye novedades, reclamos y solicitudes diversas, aparecía la señora Regàs arropada por una troupe de chavales como diciendo dejad que los niños se acerquen a mí. Me dije: si éste/ésta (del leguaje sexista) es el exponente de la literatura nacional, en una Biblioteca Nacional carcomida, robada a dentelladas de página, los que, modestamente, también escribimos libros somos gilipollas o tontos del culo e incluso invertebrados por no llevar un carné político entre los dientes. Bueno, pues que venga Dios y lo vea. Y llegó el nuevo ministro. Viví, con gusto, aunque de refilón, la gauche divine catalana. No fui a la cárcel como otros se atribuyen en redomadas mentiras para enaltecer su pátina democrática. Visitaba los cafés barceloneses de la calle Tusquets donde todo era muy bonito en el alma y mucho más con un güisqui en el cuerpo. Sentí el dolor y el desprecio cuando un farsante editor llamado Sebastián Auger me dijo que me presentara al Premio Mundo —que por aquel entonces gozaba de cierto predicamento progre— porque no podía haber otro ganador que yo. A los postres de la cena en el Ritz el jurado se inclinó, cosas, por un catalán, no recuerdo el nombre, quedando finalista el “madrileño” (sic) que firma aquí. El farsante, que, con el tiempo, sería prófugo de la Justicia, se quiso disculpar invitándonos a mi acompañante femenina y a un servidor a “Bocaccio”. Cosa que, naturalmente, declinamos manifestándole que aún nos quedaban pelas para tomarnos montón de copas. Era cuando la progresía todo lo veía al rojo vivo en divanes carmesí y con el pedo irisado por las lámparas de vidrio catedralicio. Debió ser cuando brindé, sin darme cuenta, por la más arisca de las bibliotecarias y con los dedos manchados de tinta. PD. Ruego se abstenga el lector de ERC de insultarme en catalán o en arameo porque le tendré idéntica consideración ante su falta de respeto: ninguna.


slopezcastillo@eresmas.com



Resolución mínima: 800x600 EDITORIAL 16
cambio16@cambio16.info