Número.1867 - 17 septiembre 2007

 

Juan Carlos Arias
Negocios en la Universidad
Un ingeniero, Miguel Ángel Gallardo, ha denunciado con abundante documentación probatoria ante el Tribunal de Defensa de la Competencia a varios catedráticos de la Universidad Politécnica de Madrid que realizan peritajes para la Sociedad de Autores y los que dictaminaron en la reciente vista judicial del ‘caso Boliden’. El rector de la Politécnica de Valencia aguantó el chaparrón que le cayó, hace un par de años, cuando recibió a directivos de una empresa que invierte en I+D+i indignados porque personal docente e investigador de dicha Universidad ofertaba, a través de testaferros, al mercado una patente cuyo desarrollo convino la Politécnica para ‘investigar’; no para comercializarla a la baja. Una doctora barcelonesa en ciencias descubrió, tras años de sobrevivir con ‘becas’, que su catedrático cobraba millones del Ministerio de Defensa por el trabajo de la experta, investigadores, doctorandos y voluntariosos estudiantes que creían trabajar por el bien común del desarrollo científico. Más al sur, en un Instituto de Criminología, un catedrático engreído al que le encantan hoteles VIP y viajar en business ‘colocó’ a su esposa como gerente, a pesar de no tener capacitación para el cargo. Además, firma dictámenes para abogados de narcos y asesinos que le hacen ‘gratis’ subordinados y —siempre— pide dineros europeos y autonómicos que se ‘pierde’ en viajes y proyectos de investigación que sólo proyectan egos y remedian querellas entre universitarios mediocres. Otro catedrático al frente de un Instituto en sede universitaria lleva lustros realizando estudios y dictámenes ‘a la carta’. Cuando conviene, estampa el membrete de la Universidad. Cuando no, vende al mejor postor el apaño mediante entramado de empresas que, ¡oh, casualidad!, administran familiares, su pareja o ‘apadrinados’. La jubilación no importa. Ya tiene creado otro Instituto de apariencia oficial. La pasta es la pasta, dirá el tipo. Estos ejemplos valen, más la tradicional endogamia que caracteriza las sagas docentes universitarias, representan lo que algunos entienden como trasmitir conocimientos cultivando el intelecto. Tal excusa lo es, en realidad, para hacer negocios, para el nepotismo, para el ladronismo (si se acepta tal expresión centroamericana) sin recato. Los ‘profesores’ reseñados son minoría, pero abundan. Hay un clamor entre ciertos sectores profesionales por la competencia desleal que caracteriza a ciertos departamentos universitarios. Algunos convenios empresauniversidad se basan en el negrerismo que reina en ciertas áreas universitarias. Las peleas interdepartamentales hacen que muchas plazas salgan ‘al público’ con nombre y apellidos. Algunos nos preguntamos si la Constitución llegó a las aulas o a las cátedras universitarias. Con respecto a la Universidad privada, el tema que nos ocupa no es cuestionable. Tal iniciativa permite toda clase de negocios, aunque la pauta es cuidar la calidad y excelencia docente. Pero en la universidad que se nutre de fondos públicos, de los impuestos del ciudadano no se puede, ni se debe, tolerar más abusos. Lo peor es dilapidar ilusiones o atacar la libertad sexual de cientos de jóvenes. De esos ‘negocios’ hablaremos otra semana.

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