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REFLEXIONES DESDE EL SOBERADO | Manuel
Domínguez Moreno |
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Más allá de la duda razonable |
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va a resultar que el problema de Rosa Díez con su partido, al que se afilió hace
tres décadas, no arranca del golpe de timón dado por los socialistas vascos cuando,
democráticamente y por una aplastante mayoría, decidieron sacudirse el yugo del
PP y darle la espalda a una derecha montaraz y crispadora que vampirizaba a la
izquierda en el País Vasco con el discurso demagógico del terrorismo y el miedo,
utilizados como arma arrojadiza en la confrontación electoral. Al PSEEE le fue
muy bien con los vasquistas como se ha podido comprobar en las urnas, mucho mejor
que con Nicolás Redondo Terreros y sus amigos. A la hora del portazo, buscando
los puestos de salida en una lista en la que sólo está ella de momento como representante
de la política y en la que Fernando Savater pone la ideología, Rosa nos descubre
que tiene muchos amigos en el PSOE, incluidos los socialistas vasquistas, a los
que reclama respeto como si el respeto pudiera exigirlo alguien que no ha sabido
ganárselo y que insulta a compañeros que se han jugado la vida por la paz y que
nunca le han faltado. Pues bien, Rosa no se marcha de su partido, en el que ha
aspirado a todo y en el que no pudo ser secretaria general y se estrelló como
candidata a lehendakari, por los socialistas vascos, como era de esperar, sino
porque el PSOE en el que ya sólo figuraba a título nominal como militante — hace
tiempo que sus devaneos la llevaron a la otra orilla— no cumple su programa electoral,
que es lo mismo que decir que Zapatero falta a su palabra y engaña a los ciudadanos.
Sigo siendo socialista pero no puedo defender mis ideas en el PSOE, ha dicho la
dimisionaria eurodiputada que, por cierto, hacía un año que no aparecía por el
Grupo Socialista en el Parlamento Europeo, un año sin presentar una enmienda,
un informe o participar en una comisión, ella que dice que renuncia al escaño
y devuelve el acta por respeto a los electores. Mucho ha tardado en respetarlos
quien ahora exige consideración, comprensión y palmaditas en la espalda. No me
extrañaría nada que Rosa, como otras destacadas figuras de su ya ex partido que
ven los toros desde la barrera, cuando en otro tiempo pisaron la arena, es una
socialista “de sentimiento no de ideología”, como el ex presidente del Gobierno,
y estaba en el PSOE porque levantaba pasiones no porque contribuyese a la transformación
de la sociedad. Con todo, lo más triste en el adiós es que Rosa llama traidores
a los que, sin pensar en ellos mismos, generosamente, arriesgando la vida y la
hacienda, lo han dado todo para que ella pueda concurrir a las elecciones y si
no puede hacerlo todavía en paz será porque, entre otras razones, gente como ella
se empeñó en zancadillear la oportunidad cierta de acabar con el terror, escribiéndole
a Zapatero cartas tan injustas como aquélla en la que no iban a permitir “que
se construya un escenario en el que nuestros propios compañeros traicionen lo
más sagrado. No nos han matado para esto. No nos vamos a callar”. En estos momentos,
cuando ETA ha vuelto a recuperar su auténtico rostro y el país vuelve a estar
sumido en el miedo y la zozobra, Rosa vuelve a estar en su sitio y ahora, cuando
cargue contra el PSOE, estará precisamente expresando una opinión en lugar de
una consigna, como ocurría hasta ayer mismo, por mucho que ella se empeñe en decir
lo contrario. Le deseo suerte, cómo no, aunque me gustaría saber quién va a financiar
esta aventura política y qué medios van a respaldar a quien a la contra siempre
fue una figura mediática del socialismo pasional.
www.manueldominguezmoreno.net
betisalai@manueldominguezmoreno.net
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