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La voz de alarma la han vuelto a dar las organizaciones
no gubernamentales: Líbano sigue viviendo una auténtica crisis
humanitaria. Un año después de la guerra que enfrentó a este país
con el poderoso ejército israelí, la población libanesa sigue
sufriendo las consecuencias directas de aquel desastre humanitario.
Lo peor es que las administraciones públicas implicadas de un
modo u otro en las tareas de pacificación y reconstrucción —Unión
Europea, Estados Unidos y Occidente en general— parece que han
dado la espalda a un problema que sigue latente en una de las
zonas más conflictivas del planeta.
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