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| Límites
de velocidad |
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Cataluña, acostumbrada a la lentitud a la hora de la aplicación
del nuevo Estatut, junto a los traspasos que comporte, si es que el Tribunal Constitucional
lo permite, vivirá ahora un límite de velocidad de 80 kilómetros por hora en las
principales áreas urbanas para reducir, dicen, un 30 por ciento la contaminación.
La nueva medida, que afectará especialmente al cinturón urbano de Barcelona, va
en la línea de las aplicadas en muchas capitales europeas, donde el incremento
de la contaminación debido a los gases de los automóviles es una de las principales
fuentes de enfermedades, sobre todo de carácter respiratorio. Prohibir y limitar
siempre suena a interferencia política para el ciudadano, aunque el propósito
responda al desmadre circulatorio creado entre todos. Limitar el trafico rodado
a 80 kilómetros por hora, en una urbe donde, a primera hora de la mañana y horas
punta de la tarde, los embotellamientos son constantes, no parece que vaya a ser
una solución milagrosa para reducir la contaminación. Sobre todo porque somos
víctimas de las carencias de un buen transporte público, ferroviario en especial,
a la hora de desplazarnos del hogar al trabajo, o a los centros comerciales y
de ocio. ¿Ha calculado alguien el porcentaje de contaminación originado por las
horas/día de atascos? Las medidas de limitación de velocidad para luchar contra
la contaminación irán acompañadas de otras recomendaciones y normativas que incluirán
desde el uso de los electrodomésticos en casa hasta el amarre de buques en el
puerto, o el uso de los motores en los aviones estacionados en el aeropuerto,
entre los periodos de aterrizaje y despegue. Todo sea para reducir la contaminación.
También en política se anuncia un límite de velocidad en época veraniega. Sobre
todo una vez despejada la incógnita de la próxima cita electoral que, de cumplirse
el calendario, aleja la precampaña hasta primeros del año próximo. Desde la Generalitat,
el presidente José Montilla seguirá con su, por lo menos aparente, tranquilidad.
Sus socios de coalición, sobre todo en las filas de ERC, intentarán capear las
diferencias internas evitando un estallido que les complique el verano. Y, desde
la oposición, en las filas de CiU el ex presidente Jordi Pujol ya les ha dicho
que se dejen de peleas entre Mas y Duran y que se centren en preparar la estrategia
ante la próxima cita electoral. En fin, velocidad reducida, al menos durante el
verano, incluido en el frente político. Barcelona, por otra parte, vivirá un agosto
bajo en contaminación, porque la mayoría estará en las playas, donde, gracias
a los atascos del fin del periodo vacacional, ya regresaremos por debajo de los
80 kilómetros/hora, para seguir contaminando mientras no cambiemos de hábitos,
incluido el de menor utilización del coche, aunque no todo pueda hacerse andando
en un mundo idílico, sin contaminación, ni prisas.
rvilaro@cambio16.info
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