Número.1859 - 23 julio 2007

 

Ramón Vilaró
Límites de velocidad
Cataluña, acostumbrada a la lentitud a la hora de la aplicación del nuevo Estatut, junto a los traspasos que comporte, si es que el Tribunal Constitucional lo permite, vivirá ahora un límite de velocidad de 80 kilómetros por hora en las principales áreas urbanas para reducir, dicen, un 30 por ciento la contaminación. La nueva medida, que afectará especialmente al cinturón urbano de Barcelona, va en la línea de las aplicadas en muchas capitales europeas, donde el incremento de la contaminación debido a los gases de los automóviles es una de las principales fuentes de enfermedades, sobre todo de carácter respiratorio. Prohibir y limitar siempre suena a interferencia política para el ciudadano, aunque el propósito responda al desmadre circulatorio creado entre todos. Limitar el trafico rodado a 80 kilómetros por hora, en una urbe donde, a primera hora de la mañana y horas punta de la tarde, los embotellamientos son constantes, no parece que vaya a ser una solución milagrosa para reducir la contaminación. Sobre todo porque somos víctimas de las carencias de un buen transporte público, ferroviario en especial, a la hora de desplazarnos del hogar al trabajo, o a los centros comerciales y de ocio. ¿Ha calculado alguien el porcentaje de contaminación originado por las horas/día de atascos? Las medidas de limitación de velocidad para luchar contra la contaminación irán acompañadas de otras recomendaciones y normativas que incluirán desde el uso de los electrodomésticos en casa hasta el amarre de buques en el puerto, o el uso de los motores en los aviones estacionados en el aeropuerto, entre los periodos de aterrizaje y despegue. Todo sea para reducir la contaminación. También en política se anuncia un límite de velocidad en época veraniega. Sobre todo una vez despejada la incógnita de la próxima cita electoral que, de cumplirse el calendario, aleja la precampaña hasta primeros del año próximo. Desde la Generalitat, el presidente José Montilla seguirá con su, por lo menos aparente, tranquilidad. Sus socios de coalición, sobre todo en las filas de ERC, intentarán capear las diferencias internas evitando un estallido que les complique el verano. Y, desde la oposición, en las filas de CiU el ex presidente Jordi Pujol ya les ha dicho que se dejen de peleas entre Mas y Duran y que se centren en preparar la estrategia ante la próxima cita electoral. En fin, velocidad reducida, al menos durante el verano, incluido en el frente político. Barcelona, por otra parte, vivirá un agosto bajo en contaminación, porque la mayoría estará en las playas, donde, gracias a los atascos del fin del periodo vacacional, ya regresaremos por debajo de los 80 kilómetros/hora, para seguir contaminando mientras no cambiemos de hábitos, incluido el de menor utilización del coche, aunque no todo pueda hacerse andando en un mundo idílico, sin contaminación, ni prisas.

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