Número.1850 - 21 mayo 2007

 

   FAUNA IBÉRICA
Manuel Bernal
Cómo meter la lengua y ser feliz
Marujita Díaz dijo una vez que lo suyo con los hombres, desde el mito Espartaco, eran “intercambios culturales”. No sé qué pensará mi admirada Carmen Calvo, pero o lo de la Díaz son perfomances como las que monta el fotógrafo neoyorkino Spencer Turnick, convocando en pelota picada a todo bicho viviente con algo entre las piernas, o esta musa de la contemporaneidad o de la cultura del paquete no tiene ni idea de lo que cuenta. Aunque el adjetivo cultural últimamente se las trae. En Puerto Rico, que no es fauna ibérica pero sí española, un tal José Luis Jesús de Miranda, dice que va montando “centros culturales” en nombre del Anticristo, y manda tatuarse a su prole el número de la bestia, igual que otros se tatuaron la cara de su perro y antes la marca Terelu en su fornido brazo. Y si hay una bestia habrá una bella. Belén Esteban, que domina la lengua como sólo ella sabe, dijo —por un poner— en un programa de esos en los que “trabaja” que estaba “abordada” por el fiasco canario. “Desbordada”, díjole Ana Rosa Quintana, comandanta de estas reuniones intelectuales, que en otro momento y harta de que especularan con los amoríos del irritado Alessandro Lecquio (que no quiere que le saquen la incipiente calva en la tele) tuvo a bien inquirir: “¿Pero Alessandro, tú sabes con quién estás?”. El primo del Rey por supuesto que no lo supo. Guardará la calva franciscana y las declaraciones amorosas para un cante por exclusivas. Claro que si en estos lumpanares mediáticos brilla un nombre es el de Lydia Lozano, defensora a ultranza de la verdad y de la noticia contrastada. La peliteñida refiriéndose al trío de osos amorosos que la vida quiso que fuesen Maite bolsas-basura, Julián el hambriento e Isabel carcelera de España, afirmó y reafirmó que eran “tres lobos con la misma piel”. La cronista se guardará para sí el papel de Blancanieves. Aunque en los últimos tiempos hay pugna por hacerse un hueco meritorio en eso de meter la lengua. Y para rey nadie mejor que quien ya casó a su niña con fastos de emperatriz. Y es que a don José Mari, el señor de Génova, “le gustan las mujeres y le gusta el vino”, como dice la canción. Así que, como tiene mucho tiempo libre, se ha metido a representante de vinos, nacionales por supuesto. A nuestro hombre, don José Bono, el consuegro de Raphael, ya le ha advertido que es mejor que “si bebe, no hable”, que se le nota mucho y termina diciendo inconveniencias. Mientras no recite poesías no habrá por qué preocuparse. Pero como en calle Génova deben dar puntos por meterla, fue mi amigo Acebes, un buen muchacho que ha cumplido con méritos suficientes en las sombras chinescas del 1 M y que tiene prohibido por su religión decir mentiras, y dijo que nuestro Zapatero “se ha convertido en un alumno aventajado de González en la corrupción. Felipe tuvo su Lola Flores y Zapatero su Pantoja”. ¿Pero quien cantaba en Zarzuela no era Sonsoles? Tendré que repasar. A Cayetana, la duquesa más duquesa de nuestra querida España e Hija Predilecta de la Andalucía de los latifundios, también se le soltó la lengua. Fue cuando la nombraron como tal y dijo de quienes no compartían esta decisión, los sindicalistas del SOC, que eran “unos delincuentes”. Ahora les tendrá que pagar seis mil euros. Tampoco es mucho. Eso si encarta se lo gasta en una convidada a churros con chocolate. Churros predilectos, por supuesto, con el puente de Triana (Sevilla) por testigo.


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