Tanto
el fallo que declara organizaciones terroristas a las
asociaciones juveniles Jarrai, Haika y Segi como la decisión
adoptada en contra de la excarcelación del etarra Iñaki
de Juana Chaos parecen opciones más políticas que judiciales,
tomadas en un momento determinado, a raíz de que ETA destrozara
su tregua con el atentado de Madrid que causó la muerte
a dos inmigrantes ecuatorianos. Las presiones se perciben
desde el mismo instante en que se da a conocer que no
iban a ser tres jueces, sino el pleno de la sala de lo
penal de la Audiencia Nacional al completo, formado por
17 magistrados, el órgano encargado de dar vía libre o
no a modificar la situación penitenciaria de este sanguinario,
hospitalizado y en estado de suma gravedad por la huelga
de hambre que mantiene desde hace más de ochenta días.
La fiscalía había pedido prisión atenuada en su domicilio.
Doce magistrados votaron en contra y cuatro a su favor,
tres de ellos precisamente los que le condenaron a doce
años y medio de prisión por delitos de amenazas terroristas
contenidas en dos artículos de opinión publicados en ‘Gara’.
Por mucho que nos duela, De Juana ya había cumplido con
los 18 años que estuvo preso la pena de más de tres mil
que le fue impuesta, en aplicación de un Código Penal
originario del franquismo. Si por dos artículos de prensa
recibió tan descomunal castigo es para pensar qué razones
atañen a la justicia cuando estira la ley hasta que sirve
a sus pretensiones. Por muy escandaloso que sea lo contenido
en la letra impresa resulta muy desproporcionado. Si se
está al tanto de los vaivenes políticos, los señores de
la toga y el birrete pecan de clara dependencia. No se
puede dejar pasar sin estremecerse las críticas razonadas
que hacen los nacionalistas del PNV cuando desvelan que
la derecha mantiene herramientas de presión y control
en el ámbito de la justicia que están intentando forzar
una situación política muy complicada y poniendo las cosas
muy difíciles. El PP tiene mucho que ver con la politización
de la justicia, imbuido en su idea de que ningún proceso
de paz será posible, y menos si son ellos los que están
en la oposición, por lo que van a continuar poniendo todo
de su parte para que el acuerdo mediante el diálogo fracase
de raíz. La justicia, como poder independiente, debe ser
fortalecido. Lo que sucede, por el contrario, está plagado
de oscuridades y sinsentidos. Introducir la política en
los tribunales perjudica al Estado de Derecho, pero igualmente
la credibilidad de la propia justicia, ya de por sí bastante
escasa. El PP pudo construir otras leyes y desistió de
hacerlo. Le agrade o no, el etarra ha cumplido por sus
crímenes. Vale la pena traer a la memoria aquella sentencia
del Tribunal Supremo en la que se decía que los GAL no
eran una organización terrorista. ¿Eran acaso una sociedad
benéfica? Al general de la Guardia Civil Rodríguez Galindo
se le procesó por terrorismo. Cuando cumplió sólo tres
de los 75 años de condena que se le impuso fue enviado
a su casa porque padecía una leve arritmia. Todos los
terrorismos son despreciables, porque todos nacen, viven
y se alimentan en las cloacas.