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El próximo cincuentenario de la CIA adelanta su ‘capítulo español’.
Un documentado estudio del periodista madrileño Alfredo Grimaldos
(La CIA en España, Debate) nos transporta al fascinante mundo
de la inteligencia. En dicho trabajo, españoles salen retratados
como sirvientes genuflexos del imperio. La CIA nació de las
cenizas del Office of Strategic Services (OSS) en 1947. La II
Guerra Mundial lo enterró junto a su responsable, el general
Donovan. El mito de las siglas legó agentes tan famosos como
el Nobel Ernest Hemingway o tan esperpénticos como la duquesa
de Romanones, Aline Griffith, una espía de salón. La investigación
de Grimaldos estructura cronológicamente su obra desde la agonía
del franquismo. Los casi mil agentes se alojaron en las bases
norteamericanas en suelo español: Rota, Morón, Torrejón y Zaragoza.
Oficialmente, la ‘antena’ se situó en la embajada de Madrid
y consulado barcelonés, donde decenas de espías tiene cobertura
diplomática. Pero la telaraña de colaboradores se extiende entre
multinacionales, periodistas, políticos, militares, bufetes.
La ‘guerra fría’ lo exigió contra el comunismo. El abrazo de
Franco y Eisenhower posibilitó una fructífera alianza para los
yanquis que concedieron alto valor estratégico a una España
sin Plan Marshall. Otras velas prendieron los norteamericanos
en Marruecos, favoreciendo la ‘Marcha Verde’ y la entrega del
Sahara a Hassan II hurtando referéndum a los nativos. Salen
muchos nombres en el libro. El incombustible Manuel Fraga sale
plegado al interés norteamericano. Se levantan incógnitas sobre
el asesinato del almirante Carrero Blanco que mezclan ETA y
CIA. Al general Vernon Walters, brazo de Henry Kissinger, le
encanta España. Intriga entre militares españoles mientras alienta
la siniestra Operación Cóndor en Sudamérica para derribar el
comunismo allí donde se encuentre. Según Grimaldos, casi 2.000
agentes se reparten por la península cuando Franco agoniza y
sucede la ‘revolución de los claveles’ en Portugal. Los más
experimentados habían perfeccionado tácticas en Latinoamérica
y sitúan a ultraderechistas italianos y argentinos armados por
Madrid. El capítulo más revelador del libro es el activo papel
de la CIA durante el golpe del 23-F. La VI Flota se fondeó en
Valencia y en las bases había alerta aquellos días. ¿Fue una
‘cuestión interna’, como dijo Alexander Haig? La llegada al
poder del PSOE cambió ‘de entrada’ el ingreso en la OTAN. ¿Felipe
González fue ‘embrujado’ para ganar en Suresnes, olvidar el
marxismo y hacerse atlantista confeso? Que se lo pregunten a
Javier Solana, que cambió del ‘NO’ a la OTAN a ocupar su secretaría
general, siendo ahora el Mister PESC comunitario. ‘La CIA en
España’ es recomendable porque usa artículos y reportajes de
CAMBIO16 para documentar algunos capítulos. Tras leerlo se tiene
la sensación de que somos sucursal de un ‘Gran Hermano’que todo
lo soluciona. Las tramas del espionaje son infinitas. La lucha
contra el terrorismo indeterminada. Con el libro de Grimaldos
el Tío Sam parece de la familia: nos protege, es generoso, marca
pautas y le obedecemos. Nos preguntamos, finalmente, si existe
el Estado español y tantas autonomías.
andaluciaviva@activanet.es
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