Número.1825 - 27 noviembre 2006

 

Juan Carlos Arias
Una de espías
El próximo cincuentenario de la CIA adelanta su ‘capítulo español’. Un documentado estudio del periodista madrileño Alfredo Grimaldos (La CIA en España, Debate) nos transporta al fascinante mundo de la inteligencia. En dicho trabajo, españoles salen retratados como sirvientes genuflexos del imperio. La CIA nació de las cenizas del Office of Strategic Services (OSS) en 1947. La II Guerra Mundial lo enterró junto a su responsable, el general Donovan. El mito de las siglas legó agentes tan famosos como el Nobel Ernest Hemingway o tan esperpénticos como la duquesa de Romanones, Aline Griffith, una espía de salón. La investigación de Grimaldos estructura cronológicamente su obra desde la agonía del franquismo. Los casi mil agentes se alojaron en las bases norteamericanas en suelo español: Rota, Morón, Torrejón y Zaragoza. Oficialmente, la ‘antena’ se situó en la embajada de Madrid y consulado barcelonés, donde decenas de espías tiene cobertura diplomática. Pero la telaraña de colaboradores se extiende entre multinacionales, periodistas, políticos, militares, bufetes. La ‘guerra fría’ lo exigió contra el comunismo. El abrazo de Franco y Eisenhower posibilitó una fructífera alianza para los yanquis que concedieron alto valor estratégico a una España sin Plan Marshall. Otras velas prendieron los norteamericanos en Marruecos, favoreciendo la ‘Marcha Verde’ y la entrega del Sahara a Hassan II hurtando referéndum a los nativos. Salen muchos nombres en el libro. El incombustible Manuel Fraga sale plegado al interés norteamericano. Se levantan incógnitas sobre el asesinato del almirante Carrero Blanco que mezclan ETA y CIA. Al general Vernon Walters, brazo de Henry Kissinger, le encanta España. Intriga entre militares españoles mientras alienta la siniestra Operación Cóndor en Sudamérica para derribar el comunismo allí donde se encuentre. Según Grimaldos, casi 2.000 agentes se reparten por la península cuando Franco agoniza y sucede la ‘revolución de los claveles’ en Portugal. Los más experimentados habían perfeccionado tácticas en Latinoamérica y sitúan a ultraderechistas italianos y argentinos armados por Madrid. El capítulo más revelador del libro es el activo papel de la CIA durante el golpe del 23-F. La VI Flota se fondeó en Valencia y en las bases había alerta aquellos días. ¿Fue una ‘cuestión interna’, como dijo Alexander Haig? La llegada al poder del PSOE cambió ‘de entrada’ el ingreso en la OTAN. ¿Felipe González fue ‘embrujado’ para ganar en Suresnes, olvidar el marxismo y hacerse atlantista confeso? Que se lo pregunten a Javier Solana, que cambió del ‘NO’ a la OTAN a ocupar su secretaría general, siendo ahora el Mister PESC comunitario. ‘La CIA en España’ es recomendable porque usa artículos y reportajes de CAMBIO16 para documentar algunos capítulos. Tras leerlo se tiene la sensación de que somos sucursal de un ‘Gran Hermano’que todo lo soluciona. Las tramas del espionaje son infinitas. La lucha contra el terrorismo indeterminada. Con el libro de Grimaldos el Tío Sam parece de la familia: nos protege, es generoso, marca pautas y le obedecemos. Nos preguntamos, finalmente, si existe el Estado español y tantas autonomías.

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