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En espera de que el próximo día 21, el Consejo Nacional
del PSC apruebe oficialmente las listas para las elecciones
al Parlamento de Cataluña, ya se ha confirmado que, haciendo
tándem con el candidato José Montilla, irá de número dos
por Barcelona el actual consejero de Economía y Finanzas
de la Generalitat, el catedrático Antoni Castells. La
filtración de esta nominación se ha producido en un momento
especialmente delicado para los socialistas, cuando tres
polémicas consecutivas se les habían girado en contra:
la reivindicación de Maragall de un grupo parlamentario
propio del PSC en el Congreso de los Diputados; la decisión
de relevar a Joan Clos de la alcaldía de Barcelona para
nombrarlo ministro en sustitución de Montilla; y la baja
de Diana Garrigosa –esposa del presidente Maragall- como
militante del PSC. Estos tres hechos, según los analistas
de la derecha mediática y los partidos de la oposición,
tendrían como denominador común una supuesta pérdida de
catalanidad y autonomía del PSC en relación con el PSOE
y la victoria definitiva del “ala españolista” del partido.
Esta tesitura ha sido aprovechada inmediatamente por CiU
y ERC para hacer un llamamiento a los electores más nacionalistas
del PSC e incitarles a que el próximo 1-N cambien la opción
de su voto. Vayamos por partes. La controversia sobre
si el PSC debe tener grupo parlamentario propio en el
Congreso de los Diputados se arrastra desde hace más 25
años y se ha ido posponiendo, siempre “en espera de un
momento mejor”. Ciertamente, en vísperas de unas reñidas
elecciones a la Generalitat no es el contexto político
más adecuado para plantearlo y, en este sentido, Pasqual
Maragall se ha equivocado de hora y de año. Ahora bien,
con el Nuevo Estatut aprobado y estando en marcha un proceso
de reforma de la Constitución en clave federalizante,
es lógico y coherente que el PSC cuente, tras las próximas
elecciones generales, con una representación diferenciada
en la Carrera de San Jerónimo. Joan Clos, el “hijo predilecto”
de Maragall, ha acatado con disciplina y plena predisposición
su ascenso al rango de ministro, consciente de que, de
esta manera, el PSC tendrá más fácil revalidar su mayoría
en el Ayuntamiento de Barcelona. El portazo de Diana Garrigosa
obedece más a una reacción epidérmica y en caliente que
no a una estrategia planificada de escisión del “maragallismo”,
previa a su entrada en la órbita de ERC. En este sentido,
la plataforma Ciutadans pel Canvi –“núcleo duro” de los
fieles al presidente de la Generalitat- ya ha manifestado
su intención de continuar vinculada al PSC y su adhesión
al candidato José Montilla. La designación del consejero
Antoni Castells como número 2 ratifica que las grietas
por donde podrían escaparse los votos de la corriente
más catalanista del PSC están selladas y bien selladas.
Castells es el máximo exponente del “alma nacionalista”
del PSC y, como consejero de Economía, se ha convertido
en persona de la máxima confianza de Pasqual Maragall.
Por esto, su elección como “ticket” electoral de Montilla
tiene un triple sentido: certifica la vigencia de la unidad
de acción de las tres “familias” que, en el año 1978,
fundaron el PSC; integra el “espíritu” y la herencia maragalliana
en la “pole” del cartel electoral socialista; y garantiza
una conexión privilegiada y solvente del PSC con el mundo
empresarial y financiero de Cataluña.
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