Número.1815 - 18 septiembre 2006

 

   EDITORIAL
ETA y el goteo electoral
Los meses que se avecinan serán claves en el devenir del país. Catorce elecciones autonómicas, las municipales y un probable adelanto de las generales, en su conjunto, pondrán a prueba la capacidad de las respectivas maquinarias electorales, especialmente las de de los dos principales partidos, los que suelen obtener mayor representación. Zapatero pone sobre la mesa su gestión, Rajoy se enfrenta al dilema de si la plana mayor de los populares le arropa como una piña o los diferentes clanes, desde los nostálgicos a los centristas, se tiran los trastos a la cabeza forzando su sucesión antes de que la organización salte por los aires. El test de Cataluña es decisivo en tanto en cuanto Maragall ha sido apeado a favor de Montilla por sus excesos nacionalistas y una política de alianzas que el presidente deplora. Los pasos que se den para fijar la fecha de las generales dependerán en buena medida de los resultados previos que obtengan los socialistas en autonomías y ayuntamientos. Si les son favorables y al unísono queda desbloqueado el proceso negociador con ETA y la izquierda abertzale lo más probable es que se aproveche ese excelente clima para que los ciudadanos acudan a las urnas en el mejor de los escenarios posibles para el actual ejecutivo. Los cantos de sirena sobre los atentados del 11-M no tendrán más efecto que el de la confusión interesada de unos cuantos titulares sueltos. El PP ya ha desistido de presentar una moción de censura, consciente de que se imponen las prisas. Precisamente es en este contexto donde deben situarse las recientes manifestaciones del presidente del Gobierno acerca de que en las próximas semanas comenzarán los primeros contactos exploratorios y preliminares con la organización terrorista ETA. Puede que el proceso de paz no esté bloqueado, pero desde luego se ha ralentizado y, cuando avanza, lo hace con una peligrosa lentitud. Se necesita tiempo, por supuesto, y hay que proceder con la mayor tranquilidad porque, como dicen los próceres del PSOE, quien por convencimiento llega a pensar que la violencia puede ser útil, también necesita mucho tiempo para salir de su tremendo error. Son 35 años de asesinatos, chantajes y extorsiones y ahora, por fin, se empieza a vislumbrar el final. No es adecuado añadir pócimas electoralistas a la llegada de la paz, pero a nadie se le pasa desapercibido que cualquier gesto en su favor alimentará que los deseos de la población se decanten de nuevo por los que preconizan diálogo antes que confrontación. Merece la pena seguir en el intento. Si se actúa sin mentiras, dentro de la lógica democrática, se pueden superar situaciones especialmente problemáticas y dar respuesta a lo que ha causado tanto daño. La identidad del pueblo vasco no se pone en entredicho. Los violentos deben soltar ese lastre y el ejecutivo está obligado a variar su política penitenciaria con el acercamiento de todos los presos. En Batasuna saben que dentro de la ley podrán competir en las urnas como cualquier otra opción.



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